Rayos perdidos

El otro equipo mencionado como “relacionado” con una noción de Moneyball siempre ha sido el de los Rayos de Tampa. Luego quieren decir si Cleveland, incluso si Houston hace unos años, no, siempre han sido estos del equipo de expansión el cual debutó como mantarrayas ...

El otro equipo mencionado como “relacionado” con una noción de Moneyball siempre ha sido el de los Rayos de Tampa.

Luego quieren decir si Cleveland, incluso si Houston hace unos años, no, siempre han sido estos del equipo de expansión el cual debutó como mantarrayas en el ya no tan cercano y buenamente rockero año de 1998.

Han pasado peloteros extraordinarios, incluyendo, por supuesto, a nuestro Randy Arozarena, quien se suma a una lista con Evan Longoria, Ben Zobrist, Rocco Baldelli, entre varios interesantes más; han tenido temporadas peleando gallardamente de tú a tú en esa carísima y casi siempre cerrada División Este de la Liga Americana, es más, tuvieron en buenos años a un Andrew Friedman, quien hoy es el arquitecto detrás de los dos recientes campeonatos de los Dodgers de Los Ángeles.

Bien dicen que la única constante es el cambio, de repente los equipos no favoritos se vuelven “de relleno” después de haber hecho una temporada de caballo negro, una carrera parejera impensada y, hoy, estos Rayos no son precisamente la única luz en las noches de la costa de la Florida…

No sólo se les juntó la terrible pérdida como pelotero de quien llegó a ser considerado el futuro “brillante” de la franquicia, con un Wander Franco, hoy acusado de penosísimos delitos, para colmo, acumulados en días recientes con uno o más por portación de arma(s).

Es incluso lógico el anuncio de la venta de los peloteros a quienes puedan colocar estos Rayos, pues la cosa no se ve nada halagüeña desde la necesidad de deshacerse del extraordinario paisano mencionado: Randy tuvo que irse hasta Seattle.

Hoy ya es prácticamente un hecho incontrovertible el no poder tener su casa en el estadio Tropicana para la temporada de 2025, y vaya eso de lo dizque paradigmático de un Moneyball (a la postre, ya ni tan ejemplar) tiene también a esta franquicia viendo ahora sí que donde se pueda jugar para su siguiente temporada. Fueron terribles los efectos del fenómeno meteorológico Milton en varias localidades, donde deshizo el techo del Tropicana y un rayo de suerte tendrían los de Tampa si —en uno de esos giros afortunados del destino— pueden aprovechar las adecuaciones recientes, por las cuales autorizaron a Dunedin (también en la Florida) para ser la casa de los Azulejos de Toronto en la pandemia: recordarán ustedes cómo Canadá se puso bastante piky ante eventos masivos y los emplumados ahora sí que tuvieron que migrar al sur.

A como están las cosas, la verdad, Grandes Ligas debería tener una lista de estadios como “inmuebles preaprobados” para cualquier eventualidad de éstas, no sólo por la urgencia, también esos celos, por ejemplo, de que no van a querer ver a los Rayos jugar en Miami, estadio, por cierto, sin mucha afición actualmente. Que tenga suerte Tampa.

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