Primavera desafiante

Ya suenan a buen ritmo los bates y los guantes en los distintos campos primaverales de Arizona y Florida previo a la que puede ser una gran temporada de las Grandes Ligas. Como bien sabemos, no sólo es corroborar el estado físico en el cual llegan los peloteros al campo ...

Ya suenan a buen ritmo los bates y los guantes en los distintos campos primaverales de Arizona y Florida previo a la que puede ser una gran temporada de las Grandes Ligas.

Como bien sabemos, no sólo es corroborar el estado físico en el cual llegan los peloteros al campo de entrenamiento, es, además, evaluar su resistencia al ritmo altamente competitivo de Las Mayores, un nivel donde te descuidas o te lesionas y al otro día te surge un sustituto con: a) hambre de resaltar, b) seguramente excelsas aptitudes y, el peor es el c), con toda la intención de no soltar el puesto en el line up titular o la rotación abridora.

En este año en especial, donde quizá ya podemos —ahora sí por fin— decir postpandemia, el rey de los deportes tiene sus ases bajo la manga para sacar del cuadro la formación defensiva, la cual algunos alucinan y allá le llaman “shift”.

Por supuesto que tantos estudios desde las oficinas de los 30 equipos no se iban a quedar como archivo muerto y las defensivas harán algunos ajustes para tratar de detener a un potente bateador, quien es solamente jalador de bola (con poder sólo para su perfil y no para la “banda contraria”) y esto de verdad se nos hace interesantísimo: aquello que alguna vez vimos en el softball con el “short-center” podrá tener una similitud y no es otra cosa que una adaptación y, a la vez, una optimización de los recursos defensivos.

Puede ser de lo más divertido y por igual interesante ver a las defensivas desplegándose distinto, al mismo tiempo cuando veamos a los bateadores tumbabardas sacando un batazo, quizá flojo, a la banda contraria.

La palabra clave es la adaptación. Quizá por eso el gran Shohei Ohtani no quiere ni ponerse a pensar en la agencia libre: con todos los cambios, es mejor adaptarse en la nueva esencia del juego.

Recordemos cómo no sólo es el tamaño de las bases (considerablemente más grandes) o algunas señas que podrán hacer los cuestionados ampayers, el factor a considerar es el tiempo: las manecillas del reloj, el segundero, ese paso inexorable en el cual el beisbol puede ser el rey y, a la vez, verse en el problema de un buen juego, el cual se ha extendido por más de cuatro horas. Porque —comentábamos de nuevo con amigos aficionados— la posibilidad de juegos que rocen las dos horas y media de duración, ¿serán del gusto de la fanaticada y especialmente de los patrocinadores?

AZUL CIELO

Polémica por el uniforme innovador de México para el Clásico Mundial de Beisbol en color blanco con un azul, el cual lo hace parecer de Argentina o Guatemala… quizá el marketing manda sobre la pelota, nos resta decir: ¡VAMOS A GANAR (del color que sea), MÉXICO!

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