La experiencia del aficionado
Podemos seguir en shock mucho tiempo por el anuncio por parte de Grandes Ligas respecto de las transmisiones para el 2026, está bien, ¿ni modo? No, no es un “ni modo”, está clara la apuesta multiplataformas tecnológicas, hoy la estrategia debe ir del brazo con un ...
Podemos seguir en shock mucho tiempo por el anuncio por parte de Grandes Ligas respecto de las transmisiones para el 2026, está bien, ¿ni modo?
No, no es un “ni modo”, está clara la apuesta multiplataformas tecnológicas, hoy la estrategia debe ir del brazo con un modo mucho más amigable para un aficionado yendo al estadio: con su familia, con su pareja, ¡hasta con la mascota!
Vaya punto importante cuando ya estamos un poco lejos del esquema donde solamente “negocio/deporte” aparecían en la ecuación y esto iría para todos los deportes, donde es importante la presencia del PÚBLICO en las tribunas, esa buena cantidad de aficionados necesarios, desde donde se generan buenos ingresos. Si la apuesta es tener unas transmisiones altamente tecnologizadas (DIGITALES sonaba muy IN antes) y, a la vez, atractivas por cuanto a un espectáculo VIVO —también de “vida”, no sólo que sea que lo sintonizas cuando transcurre en sí—, es un elemento cada vez más indispensable tener a los fans metidos en el juego, siendo partícipes de la emoción de las jugadas.
Parece recurrente —mucho se dice, no sólo desde ahora en la era tan multiplataformas, desde la llegada de la TV—, el beisbol tuvo un papel importantísimo, la misión ineludible es que hoy NO pierda ese papel: no por nada es el National Pastime y tampoco por nada desde estos días vemos muy agradables estampas con aficionados pasándola a gusto en los parques primaverales con su bermuda, su sombrero Panamá y su bebida fría en mano.
ESO es el beisbol, simplemente mucho más que una simple unión; es cohesión, es hilo conductor y es parte del porqué llamarle “rey de los deportes” tiene sentido en cuanto a las muy peculiares emociones, hazañas, fotografías mentales que nos llevamos con el juego del diamante.
No es por ponerlo como un concepto lleno de elementos sociológicos, es casi un clamor el título de esta entrega: hoy —quizá más que nunca— se requiere una MUY linda, llegadora, inolvidable EXPERIENCIA DEL AFICIONADO para que vuelva al parque, para que regrese con una sonrisa.
Si no se logra lo del párrafo anterior, ¿para qué nos sirven las cámaras de ultraalta definición si estamos viendo aficionados somnolientos en medio de un “mar de bancas vacías”. Son todas estas reflexiones, de cara a una temporada donde, otra vez, hablamos de una danza de MUCHOS millones de dólares, cuando, a la vez, estamos teniendo cada vez más (casos con incidencia de) escándalos, donde jugadores y árbitros —y a ver si no pronto directivos— están siendo sorprendidos en una densa, nada agradable y probablemente muy pantanosa, relación con ese nada positivo mundo de las apuestas.
¡Pilas!, Rey Beisbol, o nos vamos LIVE… o DEAD ball.
