Irrepetible
Éste es un tema el cual ya veníamos platicando con varios de ustedes, queridos amigos lectores y beisboleros, a partir de una de esas hazañas como para pensar en la coincidencia y la capacidad de sorpresa en esta época tan distinta: la de los cronómetros y los ...
Éste es un tema el cual ya veníamos platicando con varios de ustedes, queridos amigos lectores y beisboleros, a partir de una de esas hazañas como para pensar en la coincidencia y la capacidad de sorpresa en esta época tan distinta: la de los cronómetros y los lanzamientos contados.
Olvídense del humor con el Tungsten Arm y todos los memes relativos a los logros de Shohei Ohtani junto al tremendo pelotero Mike Trout.
Simplemente es un conjunto de números de lo más, digamos, disímbolos y, a la vez, parte de un cuadro donde el beisbol era completamente otro paisaje, dentro de su muy rica historia.
Para darnos una idea, si la Serie Mundial comenzó a jugarse en 1903, estaremos hablando de una hazaña presenciada unos pocos años después.
Todo esto resurgió a partir de la aclamada Serie Succession (HBO), la cual recién finalizó su cuarta —y última— temporada, donde un personaje tiene el no tan común y tampoco muy pronunciable apellido Wambsgans, así con una “s”, y de inmediato las mentes beisboleras recordaron esta pieza de única manufactura para la Serie Mundial de 1920.
Era el juego cinco de esa máxima instancia, con los Robins de Brooklyn visitando en el League Park a los, en ese entonces, Indios de Cleveland y Bill Wambsganss (con doble “s” al final), un jugador en su séptima temporada en Las Mayores, siempre como segunda base de la tribu, ejecutaría una jugada hasta hoy jamás igualada en el clásico del otoño: un triple play sin asistencia en el quinto episodio, producto de una línea del bate de Clarence Mitchell a su ubicación para, posteriormente, pisar la segunda colchoneta y tocar al corredor Otto Miller, quien estaba a medio camino desde la primera.
Simplemente no se puede ya repetir esa consecución de jugadas en un juego de Serie Mundial, pues en ese mismo encuentro los aborígenes también batearon el primerísimo grand slam de una WS y el pitcher Jim Bagby conectó otro cuadrangular (éste de tres carreras y primero conectado por un látigo en la era moderna para estas instancias) para “ayudarse” en su labor, esto último es lo que hace imposible una posible emulación al no batear ya los lanzadores, aunque… quién sabe si en nuestros días un serpentinero bateando de emergente podría forzar el criterio, ya ven ustedes cómo el beisbol ligamayorista ha legitimado cada cosa que ¡ay, mamita!
Lo cierto es que, si a Wambsgans le faltó una “s” para hacer una abierta referencia a ese pelotero de 13 temporadas con un normalito .259 de promedio en las Grandes Ligas —la producción de Succession dijo que no—, nos sirvió para pensar en un beisbol de hace más de un siglo y en ese gran choque de finales de octubre, cuando varios amigos te preguntan: ¿estás viendo la Serie Mundial?
Esperen sorpresas con ese tema del Clásico de Otoño.
