¿Adaptación al nuevo beisbol?
Al juego en el diamante le viene una cirugía, o no, o puede ser una llamarada de petate. No sólo es lo que se lee en varios análisis de lo que viene en 2023 en el timing para las Ligas Mayores, nos lo comentó un amigo aficionado de hueso colorado y es ahí donde ...
Al juego en el diamante le viene una cirugía, o no, o puede ser una llamarada de petate.
No sólo es lo que se lee en varios análisis de lo que viene en 2023 en el timing para las Ligas Mayores, nos lo comentó un amigo aficionado de hueso colorado y es ahí donde dijimos: ¡quizá sí viene en serio!
Hemos previsto sobre el futuro, sobre las decisiones del actual (y muy cuestionado) comisionado, además de los experimentos con las ligas menores (hace muchos años, incluso, con la Liga Mexicana), sin dejar de lado el cuestionamiento de por qué no se baja de algo como para un drama: La hora marcada, por ser casi imposible bajar una duración promedio de menos de tres horas de juego.
Llama la atención cómo, a pesar de tener peloteros más atléticos, lanzadores de alta calidad, como Justin Verlander, Shohei Ohtani, Max Scherzer y un nutrido etcétera, seguimos viendo que las manecillas no se detienen.
Aun peor: si las estadísticas son claras, contundentes en el sentido de esta tendencia del moderno “pan o palo” (cuadrangular o ponche), el juego, en esencia, pues no sabemos si lo estamos perdiendo.
Precisamente la discusión con este amigo se iba en el sentido de que quizá (no es una mera sospecha) al beisbol le conviene perder tiempo para anuncios: ese advertising donde, la verdad, los estadunidenses son unos verdaderos magos.
Pero, ¡ojo! a cómo estamos hablando del juego en una transmisión digital o televisiva, recordemos el señalamiento de la baja constante en aficionados apersonándose —con boleto pagado— a los parques, bien sabido es que se contabilizan los abonados como asistentes al juego y a veces ni así luce la cifra.
Así, aunque persigan como si fueran el FBI a las formaciones defensivas (shifts), aunque pongan unos segunderos implacables y en los lanzadores veamos unas muñequeras electrónicas que ni Mazinger Z saliendo a pelear con los monstruos mecánicos, si el rey de los deportes no consigue hacer un examen interno, seguiremos teniendo algunos juegos de cuatro horas.
Lo que tiene que hacer Grandes Ligas como industria es un verdadero análisis de cómo se están haciendo el “Tío Lolo” para seguir generando sus casi 11 mil mdd anuales, siempre de la mano de su onerosa publicidad y en contra del reloj. Ahí sí ni como reclamarle “al ampáyer” Manfred.
Un punto de vista muy personal: vaya decepción observar a Fernando Valenzuela, Vinicio Castilla, Teodoro Higuera, Jesús Chito Ríos, Matías Carrillo, José Luis Borrego Sandoval y Daniel Fernández prestándose al jueguito del poder actual. De Benjamín Gil, con que no se haga un nuevo ridículo, ya es ganancia.
