Se cumplen 25 años del cuadrangular de Kirk Gibson con los Dodgers

El ex jugador conectó, como bateador emergente y lesionado, uno de los jonrones más emotivos en Serie Mundial, con el que le dio el triunfo a su novena sobre los Atléticos, en el primer juego

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CIUDAD DE MÉXICO, 15 de octubre.-“Si usted está buscando a Kirk Gibson... no está Gibson” expresaba el comentarista de los Dodgers, Vin Scully, cuando la toma de televisión hacía un recorrido por el dugout del equipo angelino. Se abría la novena entrada del primer juego de la Serie Mundial de 1988 frente a Atléticos, que ganaba 4-3, gracias a un Grand Slam de José Canseco.

El ambiente en el Dodger Stadium era tenso, su mejor toletero estaba descartado por lesión y ni siquiera se había uniformado. Oakland, que tomaba su último turno, ya ponía a calentar a su as del relevo Dennis Eckersley, quien venía de ser el Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato al apuntarse cuatro rescates ante Medias Rojas de Boston.

Gibson había estado las ocho entradas en el gimnasio en el que recibía terapias. Una lesión en el tendón de la corva izquierda y otra en la rodilla derecha, que se habían agravado cuando se barrió en segunda en el juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, cinco días antes, lo tenían fuera de acción para el Clásico del Otoño.

El toletero, al escuchar las palabras del cronista del equipo, recibe un impulso para levantarse con dificultad de la mesa de masajes y le ordena al bat boy:”tráeme mi uniforme”.

“Lo miré y vi que él tenía una actitud especial”, recuerda ese episodio su compañero Orel Heshiser en su libro Lanzando a la fama. “Quizá podría batear, pero tenía problemas al caminar. No podía favorecer una pierna porque las dos estaban igualmente adoloridas. Yo lo había visto jugar con dolores en los tendones que lo podrían haber derribado, pero él sacó fuerzas de la nada”’ agrega el entonces lanzador sobre aquel momento.

Gibson le pidió al mismo recoge bats que le había llevado el uniforme que le ayudará practicar.

Se fueron a la jaula de bateo y ahí entrena sus swings. El joven empleado del club es testigo de los gemidos que suelta el toletero por el dolor  que le causa al momento de hacer el esfuerzo de golpear a la pelota.

Gibson le pide que vaya a buscar al manager Tommy Lasorda y le lleve un mensaje.

El empleado del clubhouse corre al túnel que sale al dugout y a lo lejos le grita al manejador, quien lo ignora al desconocer la importancia. Con cierta indiferencia el piloto se acerca al muchacho y se queda inmóvil cuando le comenta: “dice Gibson que puede batear”.

Ya es el cierre de la novena entrada. Eckersley saca los primeros dos outs con cierta facilidad y está listo para enfrentar al bateador emergente Mike Davis.

Gibson aparece por primer vez en el dugout ya uniformado con casco y un bat en sus manos. Lasorda lo tiene listo para meterlo en caso de que Davis se embase, pero le pide que no salga al círculo de espera como parte de estrategia.

Davis tiene un gran turno y gana un pasaporte. Entonces aparece la figura de Gibson, desde que realiza ejercicios de calentamiento en el círculo de espera, el Dodger Stadium es un manicomio.

El manager de los Dodgers le advierte que tendrá dos strikes para buscar el batazo grande y si no lo consigue entonces mandará un robo de base.

Gibson abanica de fea forma el primer strike, sus piernas lo traicionan y apenas evita caerse. El siguiente lanzamiento lo alcanza a rozar y se pone 0-2 en la cuenta.

Luego pega un machucón por primera base que parece el out 27, pero apenas sale de faul. Gibson intenta correr, pero no puede y cojea en su regreso a la caja de bateo. Llega la primera bola y el catcher de Atléticos, Roy Hassey, observa muy abierto al corredor de la inicial y mete un sorpresivo disparo. Davis apenas alcanza a regresar y se vuelve a salvar Dodgers.

En la segunda bola, el corredor sale rumbo a la segunda y se roba la base. Gibson ya sólo necesita un sencillo para empujar la carrera del empate.

Eckersley, que no ha permitido un cuadrangular desde el 24 de agosto y apenas le conectaron cinco en la temporada regular, reta con una bola rápida a Gibson, quien apenas la alcanza para sacar otro faul. Viene la tercera bola y se llena la cuenta.

El toletero recuerda en ese momento las palabras de un día anterior del scout de los Dodgers, Mel Didier, quien le había dicho que Eckersley en cuenta de 3 y 2 siempre le gusta lanzar un slider a los bateadores zurdos.

Las pocas fuerzas que había en sus piernas le sirvió para balancear el cuerpo y entonces Gibson acierta... es un slider. Con el puro movimiento de brazos consigue conectar un largo estacazo que supera la barda del jardín derecho.

Gibson levanta el brazo en señal de victoria y festeja lo que acaba de conseguir. El tiempo en el Dodger Stadium se detiene. El pelotero de los Dodgers recorre las bases como un venado recién nacido, pero el corazón y el impulso de los aficionados le ayudan a llegar a home con la carrera del triunfo para completar uno de los episodios más vibrantes en una Serie Mundial.

“Abandonamos la banca y crucé frente a Tommy Lasorda que iba corriendo con los brazos en alto y gritando ¡oh sí!, ¡oh sí”, recuerda Heshiser en su libro. “Salté como un niño, todos lo hacíamos. Tratamos de abrazar a Gibson a su llegada al plato, pero él nos empujó, tratamos de cargarlo pero tampoco quiso. Él estaba demasiado adolorido para ser felicitado. ¡Qué clase de jugador!”, agrega el ex lanzador.

El cronista Vin Scully embriagado de emoción gritaba: “¡En un año que ha sido tan improbable, lo imposible ha sucedido!”.

Dodgers de Los Ángeles tomó esa victoria como inspiración y, aunque Gibson ya no volvió a ver acción en la Serie Mundial, el equipo angelino se impuso 4-1 en el Clásico de Otoño.

Kirk Gibson estuvo en el Dodger Stadium en septiembre pasado como manager de los Diamantes de Arizona. A unas semanas de cumplirse el 25 aniversario de ese inolvidable 15 de octubre de 1988 llegaron los recuerdos.

“Yo sólo pensé que podía salir a batear como un acto de lealtad hacia mis compañeros. Fue como si alguien me hubiera llamado para decirme que saliera para hacer algo importante para mi equipo”, expresa Gibson, quien agrega que en ese momento sólo buscaba pegar de imparable y no un jonrón.

“Cada vez que visito este estadio y veo hacia el jardín derecho, no puedo evitar los recuerdos de aquella noche”, dice Kirk Gibson, quien ha dejado un recuerdo imborrable con ese número 23 en su franela de los Dodgers.

Hasta ese momento se habían registrado siete jonrones para decidir un partido de una Serie Mundial, pero el de Kirk Gibson fue el primero en 496 encuentros que un equipo venía de atrás.

Jugador de época

Larga trayectoria. Gibson jugó 17 temporadas en las Grandes Ligas; concluyó su carrera con 255 cuadrangulares y 870 carreras producidas.

Gran figura en 1988. Antes de estar un sólo turno al bat en la Serie Mundial ante los Atléticos, en el cual pegó de cuadrangular, recibió el reconocimiento como el Jugador Más Valioso de la Nacional.

Dos veces campeón. Gibson ganó las coronas de Serie Mundial de 1984, con los Tigres, y de 1988 con los Dodgers.

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