‘Tan malo como quiero ser’; la historia de un ex jugador de la NBA
Excéntrico como siempre, Dennis Rodman reaparece ante los ojos del mundo: se le ve con el líder norcoreano Kim Jung Un o en Roma, donde buscaba apoyar a un posible Papa negro

CIUDAD DE MÉXICO, 19 de marzo.- En 1992 un desequilibrio emocional sume a Dennis Rodman en una depresión que casi le cuesta la vida. El jugador de los Pistones de Detroit se ha encerrado en una camioneta, en el ya solitario estacionamiento de Auburn Hills donde se encuentra “The Palace”, sede del equipo de la NBA. Lo vieron salir del juego con una bolsa de papel y dirigirse hacia su auto. A solas, el “Gusano”, como le apodaron en su dura infancia en Dallas, pretende acabar con sus problemas mediante un tiro en la cabeza.
Él se recuerda como un niño de siete años que calienta sus manos por encima de un bote de basura que arde con la lumbre que da calor a un grupo de drogadictos, prostitutas y jóvenes que han abandonado sus casas; un chiquillo al que su padre abandonó a los cuatro años de edad y cuyo significado de la vida danza entre una madre, dos hermanas y la marginación que le puede dar un barrio peligroso en un suburbio de Dallas que no aparece en los comerciales turísticos.
Aunque nació en Nueva Jersey (13 de mayo de 1961), Dennis Keith Rodman creció en Dallas, entre ruidos de sirenas, disparos y peleas callejeras. A pesar de contar con una madre trabajadora, incluso conductora de un camión escolar, el pequeño “Gusano” aprendió a ganar unos cuantos dólares robando aquí y allá. En una ocasión tuvo un trabajo honrado como portero en el aeropuerto texano, hasta que le encontraron unos 50 relojes que había robado para sus amigos.
Rodman repasaría sus inicios en el baloncesto colegial, donde se caracterizó más por su manera rebelde de pelear cada balón, que por su calidad en la duela. No lo hizo mal en la Universidad Estatal del Sur de Oklahoma, donde promedió 25.7 puntos y 15.7 rebotes por partido con los “Savage Storm”. Incluso llamó la atención de los Pistones de Detroit, quienes lo eligieron en la segunda ronda del draft NBA en 1986.
¿Qué pasaba por su cabeza en aquel año del 92, encerrado en la camioneta, sacando la pistola de aquella bolsa de papel y respirando con dificultad? Era un hombre atlético de dos metros de estatura, uno de los chicos malos del coach Chuck Daily y tenía ya un anillo de campeón al derrotar los Pistones a los Lakers el mismo año que Rodman llegó a Detroit. No era la estrella de la NBA, pero por lo menos no era tan mediocre.
Si el “Gusano” había sufrido el abandono de su padre, al parecer el rompimiento de su matrimonio y la separación de su hija lo hundieron en una depresión tal que el gigante había decidido que era el momento de acabar con una vida miserable. Sin embargo un hombre desconocido, uno de los cuidadores de Auburn Hills, se acercó a la ventanilla del conductor y convenció a Dennis de que no valía la pena rendirse de esa manera. El basquetbolista se secó las lágrimas, guardó el arma en la bolsa de papel y, camino a casa, la tiró en un bote de basura.
II
El nuevo Rodman llegó a los Spurs de San Antonio con el cuerpo tatuado y el cabello teñido de rubio. Regresó a la duela más excéntrico que nunca, más agresivo en las duelas, arañando a cada rato la línea delgada entre el juego rudo y la pelea callejera. Al Gusano lo sufrieron como rival astros de la talla de “Magic” Johnson, Karl Malone, Shaquille O'Neal y Alonzo Mourning. Disputaba cada balón con la rudeza que aprendió en los barrios.
Y así como cambiaba de color en el cabello, barba y bigote, Rodman se mudó a una quinteta que lo catapultaría a la fama: los Toros de Chicago. Pocos apostaban por la reaparición del Rodman ganador; sin embargo con Chicago aportó una gran labor defensiva para conseguir tres anillos de campeonato. Y a su lado nada más y nada menos que Michael Jordan. Scottie Pippen conformó aquel tridente que hiciera época en la NBA. Si Air Jordan era el ejemplo de deportivismo y éxito, Rodman era el chico malo que atraía la atención de aquellos que gustaban de encontrar a las estrellas en las discotecas y los bares. El mundo del espectáculo lo tomaría en cuenta luego de que el jugador tuviera una relación con Madonna, quien de cariño le decía “papacito piernas largas”. Después se le apareció Carmen Electra, y luego otras más.
Dennis había encontrado la manera de enfrentar a la vida y enterrar sus demonios. De perro callejero de los suburbios de Dallas pasó a ser perro de presa de la NBA. En su libro autobiográfico “As bad as i wanna be” (Tan malo como quiero ser), el jugador relató aquel momento difícil del 92 en el que casi se quita la vida, argumentando que “aquella noche asesiné al viejo Dennis Rodman”. El mayor ejemplo de excentricidad lo dio en la presentación de dicho libro, en la que el protagonista se asomó vestido de novia.
Su acercamiento a las chicas de Hollywood lo hicieron popular fuera de la NBA, al grado de aceptar un pequeño papel en el momento que algunos productores decidieron llevar su historia al cine casero. Dennis había conseguido cinco anillos, dos premios al Mejor Defensivo del Año, dos ocasiones All Star y siete veces máximo reboteador de la NBA. Sin embargo, él parecía divertirse más en su otro mundo, apareciendo en fotos abrazando a varias amigas o con las manos esposadas tras organizar escandalosas fiestas en su casa.
De pronto, Dennis dejaba de posar junto a Michael Jordan para hacer mancuerna con Jean Claude van Damme (Double Team). También se le vio junto a Hulk Hogan desafiando a otros gigantes en la lucha libre estadunidense.
El “Gusano” volvía a las andadas. El alcohol y las drogas lo borraron de la NBA (tuvo un gris desempeño con los Lakers y Mavericks), quedando el camino a los realities en TV y un efímero paso por el basquetbol mexicano con la “Fuerza Regia” de Monterrey y los “Dragones” de Tijuana.
Rodman se asomaría por última vez en un escenario de la NBA en 2011, cuando ingresó al Salón de la Fama. A principios de 2012 su abogado dijo que “Dennis está arruinado y extremadamente enfermo”. Desaparecería de los reflectores.
III
Al viejo “Gusano” se le vio el pasado mes de febrero en la prohibida Pyongyiang, al lado del polémico líder norcoreano Kim Jung Un. Los diarios informarían que el ex estrella de la NBA fue a grabar un documental con los legendarios Harlem Globetrotters.
De nueva cuenta la excentricidad de Dennis Rodman en los medios de comunicación, en un país que amenaza con hacer la guerra a los Estados Unidos y cuyo líder tiene también sus extravagancias, además de ser un peligro inminente para el mundo entero.
La excentricidad de Dennis es aparecer junto a un rival norteamericano, argumentando que el hijo de Kim Jung Il es su nuevo amigo. La excentricidad de Kim Jung Un es tener a un ex estrella de la NBA, lo que su padre no pudo conseguir tras ser rechazada su invitación de visitar el país asiático por parte del legendario Michael Jordan.
Otra de sus extravagancias es cambiar las reglas en el basquetbol norcoreano. Una clavada vale tres puntos, los triples que entran sin tocar el aro cuentan cuatro puntos y las canastas que se consiguen en los últimos tres segundos del partido valen ocho puntos. Además, los tiros libres fallados restan un punto. Todo al gusto de Kim.
El viejo Kim Jung Il gustaba de exponer a los jugadores de la selección de futbol, cuando perdían, en una plaza pública a seis horas de gritos e insultos por parte del pueblo comunista.
La semana pasada Rodman se apareció en el Vaticano. Apoyado económicamente por una casa irlandesa de apuestas, el ex basquetbolista continuó su gira mundial con una visita a Roma en la víspera del nombramiento del papa Francisco. Decía que su intención era apoyar al cardenal ghanés Peter Turkson a convertirse en el primer Papa negro. Los planes de Rodman eran ingresar a la Plaza de San Pedro en un papamóvil. No lo logró.
Lo último que dijo Rodman en una entrevista fue: “quiero estar en cualquier lugar del mundo donde me necesiten”.
El “Gusano” está de vuelta.
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