El caso Sacco y Vanzetti, un asunto de interés mundial
Muchas grandes personalidades, así como partidos y diarios importantes alrededor del orbe se solidarizaron al realizar una campaña conjunta para intentar salvar al malogrado dúo de sentenciados a muerte.
La mafia estadunidense fue un fenomeno resultado el gangsterismo aparecido durante los primeros años del siglo XX de la mano de la oleada de delincuentes italianos llegados a Norteamérica desde el continente europeo para establecer sus emporios criminales.
Como resultado de la inmigración procedente de Italia que durante varias décadas buscaron oportunidades en tierras estadunidenses, en 1908 llegaron a Estados Unidos dos inmigrantes italianos. Con tan solo la ropa que traían puesta y sin portar ninguna pertenencia, arribaron Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti como trabajadores del comercio. Al poco tiempo se conviertieron en fervientes simpatizantes del movimiento anarquista de aquel país.
EL COMIENZO
A finales de 1919, se cometió un asalto a mano armada en Bridgewater. Otro tuvo lugar en Braintree en abril de 1920 donde fueron robados más de 15 mil dólares y perdieron la vida un cajero y su ayudante. Los italianos fueron considerados sospechosos de ambos ataques violentos; de inmediato la policía los buscó en cada rincón.
A los pocos meses, Sacco y Vanzetti fueron detenidos mientras viajaban en un tranvía de la ruta de Bridgewater a Brockton. Al momento de ser arrestado, Sacco contaba con 30 años de edad; estaba casado y tenía dos hijos; se ganaba la vida como zapatero; vivía en una modesta vivienda en Stoughton. Por su parte, Vanzetti, de 33 años, se mantenía soltero; era vendedor de pescado por cuenta propia; residía en Plymouth, del condado de Devon.
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Los acusados pudieron comprobar de alguna manera que se encontraban lejos del lugar de los hechos en ambos casos. La defensa de Vanzetti presentó en vano un recibo de un barril de anguilas entregado al sospechoso en Plymouth que probaba la ausencia del comerciante italiano en el lugar de los hechos de diciembre en Braintree.
Los estudios de balística realizados no arrojaron resultados contundentes de que las armas decomisadas al momento de su detención hayan sido las mismas utilizadas en los actos ilícitos. Tampoco hubo pruebas suficientes de que los supuestos hampones hubieran tenido en su poder las cantidades de dinero robadas en el asalto.

Según las versiones periodísticas de la época, al momento de la detención de los dos hombres poseían armas y una carta con mensajes de lucha a favor de los trabajadores. En el texto invitaban a una concentración multitudinaria en lucha por la libertad, así como mejores condiciones laborales.
Por esa razón, los italianos fueron considerados como radicales de alto peligro para la seguridad nacional. Sin embargo, eso no los involucraba directamente con los delitos que se les adjudicaban.
LAS CLAVES DEL PROCESO
La situación desencadenó protestas por su liberación de los obreros italianos se dieron las principales ciudades alrededor del mundo. Grupos de choque realizaron manifestaciones en apoyo a la inocencia de los señalados.
Diversas anomalías en el proceso en contra de los italianos, como el no admitir el suficiente número de testigos a favor de los acusados, al contrario, se aceptaron declaraciones en contra en mayor cantidad, como la de Lewis Shaw, un niño de 08 años, quien aseguró en un tribunal haber presenciado los disparos, además de identificarlos como extranjeros “por su forma de correr”.
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Algunos actores públicos y privados intentaron revisar el caso en búsqueda de otras irregularidades, pero todas las solicitudes fueron denegadas. Por otro lado, un experto armero que participó en el proceso logró determinar que las balas de Braintree no salieron de las armas decomisadas a los acusados.
Un delincuente convicto de origen portugués, Celestino Madeiro, escribió una carta firmada por su propia mano en la que confesó haber sido el culpable de los sucesos ocurridos en South Braintree. Aseguró no conocer a Sacco ni a Vanzetti.

A decir de las investigaciones recopiladas para este texto: “No quedaba más que un hombre que pudiera evitar aquella horrenda injusticia: Alvan Fuller, gobernador del Estado… pero se encogió de hombros, y firmó las dos penas de muerte”.
LA SENTENCIA
El caso de Sacco y Vanzetti se convirtió en un asunto de interés a nivel mundial. Muchas grandes personalidades, así como partidos y diarios importantes alrededor del orbe se solidarizaron al realizar una campaña conjunta para intentar salvar al malogrado dúo de sentenciados a muerte.
A pesar de no haber sido probados los cargos, el juez Webster Thayer, fue el encargado de dictar la sentencia de muerte en contra de los malogrados italianos junto con Madeiros en abril de 1927. Los hombres serían puestos en la silla eléctrica. El acusado, Sacco, según la edición de Excélsior del 10 de abril, dijo “Jamás he sido culpable, jamás, ni ayer, ni hoy, ni nunca”, después de conocer su mortal sentencia en un jurado de Massachusetts.
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Mientras tanto, Vanzetti, se dedicó a argumentar la buena reputación que este tenía entre sus conocidos y que, jamás habría cometido un crimen en contra de nadie. Por un momento imploró un cambio de jurado debido a la poca objetividad con que Thayer llevaba el caso motivado por su rechazo hacia los inmigrantes de origen italiano.
LA VISITA DE EXCÉLSIOR
Conocedores de su destino, Sacco y Vanzetti se encontraban en una capilla de la prisión donde estaban recluidos, en ese momento entró un corresponsal de Excélsior para visitar a los sentenciados. Entre sollozos, los malogrados hombres recibieron al reportero. “Los dos italianos presentaban un aspecto resuelto y sombrío”, se puede leer en la crónica.

Vanzetti, con cabello entrecano y abundante bigote, su mirada nerviosa daba cuenta de su resignación a morir. Pero Sacco, quien se mantenía en huelga de hambre, completamente afeitado, de mirada fija y profunda, manifestaba cierta fortaleza interior. Del otro lado se podía escuchar el llanto de una mujer, según el vigilante, correspondían a la desesperada esposa de Vanzetti.

El primero en hablar fue Sacco, sus palabras fueron “estamos orgullosos de la muerte”. Al escuchar las palabras de su compañero, Vanzetti alzó la voz y dijo “morimos por el anarquismo. ¡Viva el anarquismo!”. Después el silencio se apoderó del lugar, solo interrumpido por los sollozos. El corresponsal de este rotativo solo pudo contemplar el lugar por un instante sin poder realizar alguna pregunta.
LA EJECUCIÓN
La fecha de la ejecución estaba programada para el 12 de agosto de 1927; se consiguió el aplazamiento de la sentencia. Finalmente, el doble asesinato se efectuó el 23 del mismo mes.
En medio de un fuerte dispositivo de seguridad montado alrededor del sitio, los testigos se dieron cita veinte minutos antes de la media noche en el cuarto de ejecuciones de la cárcel de Charleston. Al lugar también llegaron el responsable de la prisión, médicos oficiales y algunos periodistas.
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El primero en ser colocado en la silla fue Madeiros; el portugués llegó con una actitud tranquila, mirando a los guardias. Eran las 12:02 del martes 23 de agosto de 1927, entonces, encargado de llevar a cabo la ejecución, Roberto Elliot, bajó el switch: la muerte del portugués fue declarada a las 12:09.
El segundo sentenciado: Nicola Sacco, “se presentó mortalmente pálido”. Una vez sentado en la silla gritó “¡Viva la anarquia! ¡Adiós a mi esposa, a mi hijo y a todos mis amigos!”, instantes previos a la descarga eléctrica dijo en voz baja “buenas noches caballeros”, y la mortal descarga eléctrica pasó por todo su cuerpo para quitarle la vida.
El último fue Vanzetti: con una mirada fría, estrechó la mano de los guardias y dijo “soy inocente: jamás he cometido un crimen, aunque a veces sí he cometido algunos pecados. Les doy las gracias por todo lo que han hecho. Soy inocente”. Al colocársele la venda en los ojos dijo, “quiero perdonar a algunas gentes por lo que van a hacer”. Fue dada la señal y el verdugo oficial accionó el interruptor.
La muerte de Vanzetti fue decretada a las 12:26. En menos de media hora los tres condenados a muerte ya no existían más. Los cadáveres fueron llevados al anfiteatro y después entregados a sus familiares.
Consumada la aplicación de pena de muerte en contra de los italianos que nunca aceptaron su culpabilidad, se desató una serie de disturbios en las embajadas estadunidenses en todo el mundo. La jornada violenta se extendió por varias ciudades y los detenidos se contaron por cientos, además de policías heridos.
En septiembre del mismo año, explotó una bomba en la casa de Thayer quien en ese momento no se encontraba. A partir de ese hecho, el juez fue víctima de una persistente persecución llevándolo, según sus familiares, a la muerte después de los estragos psicológicos que este viviera.
Cincuenta años después, en 1977, Sacco, Vanzetti y Madeiros, fueron absueltos por autoridades de Estados Unidos de la injusta condena a la que fueron sometidos por crímenes de los que nunca confesaron ser autores.
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