Rescate de mineros, a quienes debemos la comodidad de nuestras vidas

'La mayoría de las cosas que uno imagina en el infierno están allí; el calor, el ruido, la confusión, la oscuridad, aire contaminado, y, sobre todo, el insoportablemente estrecho espacio'

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Interior de una mina.

México tiene una historia de 500 años como nación minera.

De hecho, las principales capitales del país y el 70 por ciento de los Pueblos Mágicos, se construyeron gracias a la minería.

Deja una gran derrama:  tan solo la extracción de oro en México aporta alrededor del 32 por ciento de los casi 242 mil millones de pesos del valor de la producción minero-metalúrgica en el país.

El Producto Interno Bruto de México aumentó un punto porcentual en términos reales en el primer trimestre de 2022 respecto al trimestre previo y 1.8% si se compara con el mismo periodo pero de 2021, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

El Inegi detalló que este resultado se debe a que el PIB en las actividades terciarias, que tienen que ver con el comercio y servicios, creció 1.3%, mientras que en el de las secundarias, relacionado a la minería, construcción manufacturas, entre otros, el aumento fue 1.2%.

En las minas se trabaja en condiciones denunciadas desde hace décadas por intelectuales verdaderos, escritores comprometidos con los más pobres.

En 1935, el escritor británico George Orwell —seudónimo de Eric Arthur Blair, cuya obra cumbre todos conocen; La Rebelión en la Granja—, se contrató como obrero en las minas de carbón de Wigan, Gran Bretaña.

Por casi un año vivió en carne propia la esclavitud de ese trabajo. En 1937 publicó un testimonio estremecedor El Camino a Wigan Pier. Una descarnada denuncia de la esclavitud en la que vivían los mineros ingleses del carbón.

A continuación, dos fragmentos de El Camino a Wigan Pier, que retratan que la realidad vivida y denunciada por Orwell en los años 30 del siglo pasado, no dista nada de lo que viven hoy los mineros de México.

“Para que Hitler pueda marcar el paso de la oca, para que el Papa pueda denunciar el bolcheviquismo, para que los aficionados al cricket puedan acudir a Lloyd’s y para que los poetastros puedan rascarse la espalda unos a otros, tiene que haber carbón. (….) Se da uno cuenta, por lo menos cuando está en la mina, de que la gente superior puede seguir siendo superior sólo gracias al hecho de que los mineros están allí echando el bofe. Ustedes, yo, el director del suplemento literario del Times, el arzobispo de Canterbury y el camarada X, autor de El marxismo para niños, debemos realmente la relativa comodidad de nuestras vidas a los pobres forzados que trabajan bajo tierra y negros de los pies a la cabeza, con la garganta llena de polvo…”

“…cuando la mina está trabajando los visitantes son una molestia y no se recomienda, pero si vas en cualquier otro momento, es posible salir con una impresión totalmente equivocada. El tiempo para ir allí es cuando las máquinas están rugiendo y el aire es de color negro con polvo de carbón, y cuando usted puede ver realmente lo que los mineros tienen que hacer. La mayoría de las cosas que uno imagina en el infierno están allí; el calor, el ruido, la confusión, la oscuridad, aire contaminado, y, sobre todo, el insoportablemente estrecho espacio. Todo, excepto el fuego, porque no hay fuego allí abajo, excepto los débiles rayos de las lámparas de Davy y linternas eléctricas que apenas penetran las nubes de polvo de carbón.”

Decenas de mexicanos en pleno siglo XXI, viven como esclavos. Pero a pocos les importa, salvo que una noche cualquiera, queden atrapados bajo tierra. 

Y ahí, todos los volteamos a ver. 

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