Rodeada de impresentables

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Durante toda la semana, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha seguido ensayando la defensa que ya conoce de memoria: la soberanía violada, el expediente estadunidense como arma política, la lista de gobernadores y legisladores de Morena que The New York Times y Los Angeles Times señalaron —a Alfonso Durazo y a Américo Villarreal, sin ambages, con nombre y cargo— como blanco de indagatorias en Washington por narco y corrupción. Es el guion previsible: negar, exigir rectificación, citar a López Obrador, insistir en que ninguna notificación oficial ha llegado. Durazo ya lo hizo, carta a A. G. Sulzberger incluida. Pero, mientras esa batalla se libraba en el espacio diplomático y editorial, el escándalo que de verdad alcanzó a la Presidenta esta semana no tuvo nada que ver con la DEA, con informantes anónimos ni con visas retiradas. Vino de un video, grabado el 15 de marzo en una casa de Emiliano Zapata, Morelos, y subido a YouTube por la víctima.

Víctor Rodríguez Padilla, físico de la UNAM, exdirector de Pemex, es ahora investigado por la Fiscalía de Morelos tras la difusión de un video en el que se le ve agrediendo físicamente a su esposa. Según el relato de María Felicia Jiménez, su cónyuge, los episodios de violencia habrían comenzado desde 2022, mucho antes de que Rodríguez Padilla llegara a la dirección de la petrolera más importante del país. Fue sustituido en Pemex el 14 de mayo por Juan Carlos Carpio Fragoso, y apenas unos días después el gobierno había anunciado su llegada al INEEL como nuevo director general, antes de que el escándalo lo obligara a anunciar que se separaba de cualquier cargo público para atender el proceso “estrictamente como ciudadano”. No hace falta ironía adicional: el comunicado de despedida tiene ya toda la que necesita. Ahí donde el funcionario invoca la presunción de inocencia y pide discreción para proteger a sus hijos, conviene recordar que quien lo señala no es una opositora ni una rival política, sino la madre de esos mismos hijos, y que en el material difundido se observa, según la denuncia, cómo el funcionario la empuja, la arroja a un sillón, la sujeta con fuerza y continúa agrediéndola mientras el menor huye asustado hacia las escaleras.

Sheinbaum respondió como tenía que responder, con la velocidad que ya le conocemos para estos casos: afirmó que se aplicará “todo el peso de la ley” contra Rodríguez y aseguró que no habrá protección para el exfuncionario. Lo hizo, además, reconociendo algo que en otro gobierno se habría tratado de esconder: que conoce a Rodríguez Padilla desde sus tiempos compartidos en la Facultad de Ciencias de la UNAM, que existe entre ambos, dijo ella misma, un vínculo de confianza de larga data. La cercanía no la exime, la compromete. Y ahí está, otra vez, la pregunta de fondo: ¿qué hace una presidenta cuando el currículum que ella misma avaló —físico, académico, especialista en energía, hombre de confianza desde la universidad— resulta ser también la biografía de un agresor doméstico con denuncias que, según la propia denunciante, se remontan a años atrás?

Porque no es un caso aislado, aunque cada vocero insista en presentarlo como tal. Es el enésimo nombre que se suma a un patrón que ya no admite la excusa de la coincidencia: gobernadores señalados desde Los Angeles y Nueva York, funcionarios y exfuncionarios bajo la sombra de la corrupción y ahora un exdirector de Pemex bajo la sombra de la violencia doméstica, todos apareciendo en la misma semana en que el gobierno necesitaba estar hablando de otra cosa —del Mundial, de la defensa de la soberanía frente a Washington...

Sheinbaum ha optado, en este episodio, por la ruta más limpia: no encubrir, no minimizar, dejar que la Fiscalía actúe y repetir, con la contundencia que la caracteriza, que no habrá impunidad. Es lo correcto y es, también, lo mínimo. Pero el problema de gobernar rodeada de un cúmulo creciente de personajes cuya probidad está en entredicho permanente no se resuelve declaración por declaración, caso por caso, mientras la lista sigue creciendo, venga de un fiscal estatal o de un reportero extranjero. En algún momento la pregunta deja de ser sobre cada individuo y empieza a ser sobre el contexto que los dejó pasar. La Presidenta puede seguir aplicando, una por una, todo el peso de la ley. Lo que no puede es seguir actuando sorprendida.