Jamás Hamás

Cada ataque y cada represalia sólo sirven para alimentar el resentimiento y la sed de venganza de ambos lados.La religión probablemente nos haga amar a Dios pero nada más fuerte que ella para acabar detestando al hombre y odiando a la humanidad. Boualem Sansal Otra ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

  • Cada ataque y cada represalia sólo sirven para alimentar el resentimiento y la sed de venganza de ambos lados.

La religión probablemente nos haga amar a Dios

pero nada más fuerte que ella para acabar detestando al hombre y odiando a la humanidad.

Boualem Sansal

Otra vez Dios. O más bien, otra vez los hombres. Con la idea de Dios que esos hombres se hacen y propagan y defienden con la vida. O más bien, con la muerte. La ajena, por lo general. Aunque los más incautos incautados del fanatismo no dudarán en obedecer a quien les asegure que asegurarse un cinturón con explosivos y dar la vida propia para cobrar vidas ajenas les abrirá las puertas del paraíso y de la vida eterna. Matar y matarse para “vivir” eternamente. No es la historia de un sinsentido. No es la historia de la estupidez. Es la historia del odio sinsentido y la más estúpida forma de creer en Dios.

El terror y la violencia vuelven a hacerse presentes en Oriente Medio. Este fin de semana, Israel fue blanco de un terrible bombardeo que dejó a su paso muerte y destrucción. Una vez más, la región se sumerge en un ciclo interminable de violencia que parece no tener fin.

Es difícil encontrar las palabras adecuadas para describir la magnitud de estos eventos. Las imágenes de edificios en llamas, personas corriendo en busca de refugio y el sonido ensordecedor de las explosiones nos recuerdan que la paz en esta región es un sueño lejano.

Pero más allá de las imágenes impactantes, es importante analizar las causas de este conflicto. Israel ha sido objeto de ataques constantes por parte de grupos extremistas que buscan su destrucción. Hamás, una organización terrorista que controla la Franja de Gaza, ha lanzado cientos de cohetes hacia territorio israelí en los últimos días.

Es innegable que Israel tiene el derecho y la responsabilidad de proteger a su población. Ningún país puede permitir que sus ciudadanos vivan bajo el constante temor de ser atacados. Sin embargo, la respuesta de Israel también ha sido contundente y ha dejado un alto número de víctimas civiles.

La escalada de violencia sólo perpetúa el ciclo de odio y venganza en la región. Cada ataque y cada represalia sólo sirven para alimentar el resentimiento y la sed de venganza de ambos lados. Y de varias generaciones. La solución a este conflicto no puede ser la guerra, sino el diálogo y la negociación.

Es necesario que la comunidad internacional intervenga de manera urgente para detener esta espiral de violencia. Los líderes mundiales deben presionar a ambas partes para que cesen los ataques y evitar una incontrolable escalada de violencia, posiblemente multilateral, en una de las regiones más explosivas del planeta. Lograr, como sea posible, que se sienten a negociar una solución pacífica y duradera.

Es importante recordar que detrás de cada cifra de muerte y destrucción hay seres humanos que sufren. Niños, mujeres y hombres inocentes que se ven atrapados en un conflicto que no eligieron. Que hoy, varios de ellos se encuentran en calidad de rehenes a manos de Hamás.

“En los cimientos del fanatismo hay una idea, una amarga, desesperada y distorsionada idea”. Lo mismo en política que en religión. Pero al menos en política podemos hacer responsables a los hombres. A Dios (a la idea de Dios que cada fanático tiene) ¿quién puede reclamarle nada? La más diabólica trampa de todos los pseudocreyentes.

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