Hoy es su último concierto de la gira LUX en nuestro país. A Rosalía la he entrevistado tres veces. En ninguna de esas conversaciones nos quedamos nunca en el sencillo en turno o en el disco que venía a presentar. Siempre acabábamos hablando de poetas y genios, de quienes rompieron algo antes que ella y la inspiraron a dibujar nuevos confines. Un par de fechas más en Miami y Puerto Rico, y la misa habrá terminado.
Vale la pena decir qué es lo que se está acabando. El show está armado como una liturgia. Obertura orquestal, cuatro actos, un disco grabado con la London Symphony Orchestra y cantado en más de una docena de idiomas, construido sobre las vidas de santas: Teresa de Ávila, Hildegarda de Bingen, una monja budista japonesa del siglo XVII. Todo el aparato de la fe, puesto al servicio de otra cosa. Igual de noble. Acaso más. Porque la liturgia está resignificada de principio a fin desde una óptica que sólo puede llamarse feminista. En LUX, lo sagrado también tiene cromosomas XX.
No sólo en las letras del disco que da cuerpo a esta gira: sino en la confección del espectáculo. Mención especial para el confesionario. Antes de cantar La Perla, Rosalía se sienta del lado del confesor y recibe a una invitada en cada show, que cuenta frente a 20 mil personas una historia de amor mal terminada. Por ahí han pasado Aitana, Rossy de Palma, Cara Delevingne, Karol G, Tokischa, Mon Laferte, entre otras. Mayoritariamente mujeres, varias de la diversidad sexual, una por ciudad. Como si Rosalía estuviera armando un apostolado femenino, ciudad por ciudad, cuyo único requisito de ingreso es haber sido maltratada alguna vez. Por un hombre, casi siempre. Una perla. Y el sentido no es gratuito: mostrar que no hay mujer ni las bendecidas por la fama, que no conozca la violencia y el maltrato.
LUX es también una celebración total de todas las artes. Hay danza, qué cosa ver a Rosalía bailando en puntas de zapatilla. Hay un momento en el que el público reproduce cuadros famosos con el cuerpo. Hay orquesta, hay ópera, hay flamenco, hay coro. Uno sale de ahí con la sensación de que el hilo conductor es una idea vieja: que la divinidad está en todas partes y que siempre se revela a través del arte.
Esta vez no platiqué con Rosalía; la entrevista fue al revés. En mi libro Charlas imposibles (y urgentes) en el siglo XXI no la busqué a ella: busqué a Wolfgang Amadeus Mozart. Y él quiso dejarle un mensaje. Debo decir que se exhibió antes de que el mundo conociera LUX, y justamente por ello lo encuentro muy sorprendente. Lo dejo aquí:
“¿Qué le diría Wolfgang Amadeus Mozart a Rosalía? Querida Rosalía: escuché tu obra y sentí lo mismo que cuando junté un minueto de corte con el pulso de una taberna: asombro, y luego esa chispa divina que aparece cuando el riesgo se vuelve belleza. Has hecho de la tradición un experimento sagrado: tomaste el cante jondo y lo devolviste al mundo con la fuerza de un rito nuevo. Yo también hice eso: mezclé lo solemne con lo popular, lo sacro con lo profano, la lágrima con la carcajada. Me acusaron de irrespetuoso, pero la música, créeme, sólo respira cuando se le rompe el molde. Sigue quebrando el compás, sigue irritando a los guardianes. No permitas que el aplauso te vuelva predecible ni que el éxito te encadene a lo seguro. Porque la verdadera artista no busca la fama: busca la verdad y la belleza. Has probado que la verdad puede sonar a quejío y reverb, que la devoción puede latir en un beat. Al final, no importa ni quiénes ni cuántos te oigan, sino cuántos universos se abren al hacerlo. Con afecto, Wolfgang”.
Bienvenida siempre, querida Motomami, a México: este país donde se toma tequila, se le reza diario a todos los santos, se tiran magnolias y sí, en cada esquina se abre un universo. Aquí seguimos buscando el blunt que reportaste como perdido, para hacerlo reliquia, obviamente. Lo que yo vi y viví en el Palacio de los Deportes es la puesta en escena de un nuevo-nuevo testamento. Genia Rosalía: gracias por traer algo de pan, algo de vino y mucho, mucho de belleza, empatía, amor y compasión. Justo cuando el mundo más lo está necesitando.
