Hace 11 años, en este espacio, publiqué una columna titulada It’s the heroin, stupid! (haciendo referencia a ese otro inolvidable argumento “It’s the economy, stupid!”). Era 2014, apenas días después de la noche negra e innombrable de Iguala, y lo que intentaba entonces era ponerle números al negocio: los sembradíos de amapola más importantes del continente estaban en Guerrero, y el precio que la heroína alcanzaba al otro lado de la frontera hacía de ese mercado algo atractivo y casi inevitable. Con esas cifras sobre la mesa, intuir la colusión entre los tres niveles de gobierno, sus policías, el Ejército y el crimen organizado era la lectura inevitable.
Han pasado los años. Algunos políticos han pisado la cárcel, incluido quien investigaba el caso. El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes renunció porque no había forma de trabajar con lo que se les entregaba ni con lo que se les ocultaba. Y los padres de los 43 siguen sin saber. Sobre esa herida abierta cae, la noticia de la detención de Ángel Aguirre, exgobernador de Guerrero, capturado en Tepotzotlán y trasladado al Altiplano. La imputación de la FGR es por ocultamiento de evidencia: presuntamente, videos de las cámaras del Palacio de Justicia de Iguala que registraron el momento en que el autobús de los normalistas fue detenido por policías municipales y estatales. Durante años se dijo que esas grabaciones no existían por fallas técnicas. Un testigo colaborador aportó en enero otra versión: sí existieron, fueron sustraídas y llegaron a manos de Aguirre.
Que este arresto nos acerque a la verdad es otra cosa. Lo que sí pone sobre la mesa es que pareciera que la colusión es el único logaritmo que México sabe operar, y lo exprime con la misma disciplina lo mismo un gobierno del PRI, del PRD o del PAN, que uno de Morena. La extracción partidista es un accesorio; el mecanismo es el mismo. Si Aguirre es culpable, que pague, aunque ya estuviera en prisión domiciliaria. Y que este episodio sirva para recordar que los pactos de omertá y de silencio entre los involucrados no tienen fecha de caducidad, sino de cobro.
Y es que los números ayudan a entender por qué el ciclo no cede: no se contrajo, se multiplicó. En 2014, la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de la Casa Blanca estimaba el mercado de EU de heroína en 27 mil mdd al año, y cerca de la mitad iba a manos de organizaciones mexicanas, con Guerrero —donde se concentraba 98% de la siembra de amapola del país— en el corazón productivo. Doce años después, ese mercado no se achicó: fue tragado por uno más grande, más barato y más letal. Brookings contabiliza más de 527 mil muertes por sobredosis de opioides en EU desde 2012, casi todas empujadas por fentanilo, y la aritmética del negocio es de vértigo: un kilo que en California se compra en 23 mil dólares se convierte, procesado en pastillas, en 20 millones de dólares en la calle. No hace falta sembradío ni campesino, ni sierra ni temporada. Y sobre ese negocio se apiló otro que en 2014 apenas empezaba a nombrarse: el huachicol fiscal, contrabando de combustibles y evasión de impuestos amparados por complicidades adentro del aparato, que le costó al erario mexicano 123 mil mdp sólo en 2025, según el Observatorio Ciudadano de Energía. Desde 2019 se acumulan más de 600 mil mdp. Donde antes había un mercado, hoy hay tres o cuatro.
Justamente por eso, Rubén Rocha dormirá menos tranquilo. El gobernador con licencia de Sinaloa, acusado por el Departamento de Justicia de EU de conspirar con el Cártel de Sinaloa, ve esta película desde adentro con la incómoda sensación de profecía que, tarde o temprano, terminará por autocumplirse. Porque el guion no cambia. Ya no es la heroína, sino el fentanilo... el huachicol. Cambia el producto, el corredor, el sexenio, pero no el ciclo ni los mecanismos que lo sostienen ni los incentivos que lo vuelven irresistible ni la colusión que lo hace posible. Y no, tampoco los castigos —que llegan siempre tarde y casi siempre a medias—, cuando ya conviene políticamente.
Once años después de aquella columna, sigo pensando lo mismo con distintas y más tristemente resignadas palabras. Ojalá algún día pueda escribir en este espacio (sobre estos temas), alguna otra cosa.
