Golpe y sobadita

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Ayer, ante la 81ª Asamblea General de la ONU, Donald Trump le dedicó a México unas cuantas líneas. “México es el epicentro de la violencia de los cárteles”, dijo, y agregó que es inaceptable que EU comparta una frontera de 2 mil millas con un territorio controlado por cárteles enemigos, por lo que México debe recuperarlo de manos de “los enemigos de la humanidad”. Comparó a esos grupos con ISIS, sentenció que deben ser asesinados, exiliados o detenidos como combatientes enemigos y soltó la frase que más me inquieta: “Y es lo que hemos estado haciendo”. Luego vino la otra mano. La relación con el gobierno de Claudia Sheinbaum es “muy buena”. “Hemos tenido grandes avances con México. Ellos tampoco quieren a los cárteles”. Golpe y sobadita. Otra vez.

En marzo, en Miami, durante la cumbre Escudo de las Américas, Trump ya había usado la misma palabra: epicentro. Y hace una semana, la determinación presidencial sobre países productores y de tránsito de drogas reconoció a Sheinbaum por incautar más droga y desmantelar laboratorios, le atribuyó a la cooperación bilateral la caída de El Mencho y, en el párrafo siguiente, exigió procesar a los “numerosos funcionarios públicos corruptos” que encubren a los cárteles. La Presidenta respondió que México no necesita que lo juzguen desde afuera y preguntó, con razón, qué hace Washington contra el consumo en casa. ¿Por qué insiste Trump en este vaivén? Hay una razón electoral evidente. En seis semanas EU vota sus elecciones intermedias y el fentanilo, la frontera y los cárteles son el repertorio que mejor le funciona con su base. La tribuna era Nueva York, pero el discurso estaba escrito para Ohio y Arizona.

Hay otra de negociación. Trump necesita a Sheinbaum: la Guardia Nacional en la frontera, los capos enviados a cortes de EU, la inteligencia compartida. Si sólo golpea, pierde al socio; si sólo acaricia, pierde palanca. El elogio paga lo que México ya entregó y la acusación cobra por adelantado lo que falta: la revisión del T-MEC, los aranceles que EU justificó con el fentanilo, las visas retiradas a más de 50 políticos, la acusación en Nueva York contra Rocha Moya.

La razón que menos se comenta es la que más me preocupa. En derecho internacional existe una doctrina polémica, la que Washington invocó en 2014 para bombardear Siria, según la cual un Estado puede actuar militarmente contra grupos no estatales en territorio ajeno cuando el país anfitrión “no quiere o no puede” neutralizarlos. Unwilling or unable. Fíjense con qué cuidado reparte Trump los papeles: el gobierno mexicano quiere, pero el territorio está “controlado por cárteles enemigos”. La sobadita exonera la voluntad y el golpe documenta la incapacidad. Súmenle la etiqueta de combatientes enemigos, el “es lo que hemos estado haciendo” y la advertencia de que usará su poderío militar si ve amenazados sus intereses en el hemisferio.

¿Qué significa esto para México en el mediano plazo? Que la relación se medirá en abonos. Cada etapa del T-MEC y cada informe anual vendrán con su reconocimiento y su nueva exigencia. La siguiente apunta a políticos, justo cuando Morena empieza a definir candidaturas para 2027. La “coordinación sin subordinación” tendrá que probarse en ese terreno, más incómodo que el de los laboratorios.

A largo plazo el riesgo es más silencioso. La palabra epicentro se queda y termina instalada en los reportes de riesgo país y en la cabeza de quien decide si abre su planta en Querétaro o en Carolina del Norte. Se instala también en la forma en que el mundo nos mira: un gobierno con buenas intenciones al frente de un territorio que no controla. La sobadita se vuelve el objetivo, el éxito de la política exterior se mide por los elogios y cada palmadita nos tranquilizaq lo suficiente para olvidar el párrafo anterior y el siguiente.

La Presidenta tiene razón: no necesitamos que nos juzguen desde afuera. Pero el juicio ya se celebra en foros donde México habla poco. Lo que sí depende de nosotros es la parte que Trump llama incapacidad. La soberanía se defiende ejerciendo jurisdicción aquí, procesando a los funcionarios coludidos antes de que lo haga una corte en Nueva York y recuperando los territorios que están en manos del crimen, porque quienes viven ahí llevan años esperando. Mientras eso no ocurra, habrá golpe. Y la sobadita alcanzará cada vez para menos.