Ese horror adolescente

El ataque de Marianne Gonzaga, influencer de 17 años, contra Valentina Gilabert catorce puñaladas en cuello, tórax y manos no es sólo un crimen pasional. Es un espejo deformante de nuestra sociedad digital, donde el odio se disfraza de contenido y los celos se alimentan ...

El ataque de Marianne Gonzaga, influencer de 17 años, contra Valentina Gilabert —catorce puñaladas en cuello, tórax y manos— no es sólo un crimen pasional. Es un espejo deformante de nuestra sociedad digital, donde el odio se disfraza de contenido y los celos se alimentan con algoritmos. El caso, ocurrido el 5 de febrero en un lujoso complejo de la CDMX, revela tres capas de una misma herida: violencia de género, impunidad adolescente y la toxicidad de las redes sociales.

Marianne viajó desde Cancún para enfrentar a Valentina, la nueva pareja de su exnovio y padre de su hija. Según testigos, el ataque fue “visceral”. Pero ¿qué convierte una ruptura en un intento de feminicidio? Aquí entran los resortes digitales: Marianne construía su imagen como mommy influencer, mostrando una maternidad idealizada. La presión por mantener esa fachada —sumada a posibles cuadros de depresión posparto no atendidos— pudo exacerbar su crisis ante el rechazo. Las redes glorifican narrativas tóxicas. Como señala un estudio de la UNAM, plataformas como TikTok “refuerzan estereotipos de dominación masculina y sumisión femenina”. Marianne, en su obsesión por recuperar a su ex, replicó estos patrones, pero invertidos: usó violencia física para “reclamar” lo que consideraba suyo. Además, el video de Fofo Márquez golpeando a una mujer en 2024 acumuló millones de vistas, normalizando la agresión como “contenido impactante”. En ambos casos, la viralización banaliza la violencia y crea un círculo vicioso de imitación.

La comparación con Fofo Márquez es inevitable. El influencer de 26 años recibió 17 años por tentativa de feminicidio en 2025. Marianne, menor de edad, enfrenta sólo cinco años de internamiento, pese a la gravedad de las lesiones. La diferencia no es sólo legal: Fofo fue linchado mediáticamente, su juicio se convirtió en un “ejemplo” de justicia feminista, con condena ejemplarizante. Para Marianne se pide empatía, surgen excusas como la depresión posparto o su minoría de edad, como si el género de la agresora mitigara el crimen. Este doble rasero expone un problema mayor: no hay protocolos claros para mujeres agresoras en casos de violencia de género. ¿Acaso el feminicidio sólo existe cuando el victimario es hombre?

El caso ocurre en un país donde 73 niñas y adolescentes fueron víctimas de feminicidio en 2024, y el 70% de las mujeres sufre violencia digital. Plataformas como Instagram, donde ambas jóvenes tenían miles de seguidores, son caldo de cultivo para crisis como ésta: el engagement alimenta el egoísmo emocional, Marianne documentaba cada paso de su maternidad, creando una identidad frágil atada a los likes. Al verse desplazada, su mundo digital se derrumbó. Mientras, la justicia es lenta, pero las redes son rápidas: mientras Valentina lucha en coma inducido, fans de Marianne la acosan en redes, llamándola homewrecker. La violencia digital prolonga el daño y dificulta la reinserción.

Para romper este ciclo, se necesitan acciones concretas: ampliar la Ley Olimpia para incluir vetos a agresores en plataformas y eliminación obligatoria de contenido que glorifique agresiones; implementar educación digital desde la infancia con talleres en escuelas sobre gestión emocional en redes; reformar el sistema de justicia adolescente estableciendo penas proporcionales a la gravedad del delito, incluso para menores; regular a los influencers exigiendo certificados psicológicos para creadores con más de 50 mil seguidores; y crear redes de apoyo mental proactivas en los que las plataformas detecten frases clave y ofrezcan ayuda psicológica automática.

Marianne no apuñaló solo a Valentina: apuñaló la ilusión de que las redes son un juego sin consecuencias. Su caso, como el de Fofo, muestran que la cultura del “todo por vistas” tiene costos humanos. Urge desactivar los algoritmos que premian el escándalo y construir una red donde la empatía no sea sólo un emoji. Mientras, Valentina sigue intubada. Marianne espera sentencia. Y, en México, 10 mujeres son asesinadas cada día. El tiempo de los hashtags solidarios pasó. Ahora toca acción.

Temas: