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En México, la salud del Presidente no puede convertirse en información clasificada, muchas vertientes de estabilidad se alimentan de la certeza y precisión sobre lo que ocurre con la figura presidencial. No van a reconocer el error. Faltaban más. Una de las ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

  • En México, la salud del Presidente no puede convertirse en información clasificada, muchas vertientes de estabilidad se alimentan de la certeza y precisión sobre lo que ocurre con la figura presidencial.

No van a reconocer el error. Faltaban más. Una de las características de esta administración es la falta de autocrítica a pesar de los hechos y los datos. Sin embargo, los más de 18 minutos de video con los que Andrés Manuel López Obrador zanjó las especulaciones sobre su estado de salud, dejaron en claro las fallas, tantísimas, que existen dentro de su equipo de comunicación y colaboradores cercanos. Jesús Ramírez negó no sólo el desvanecimiento, también el contagio de covid-19. Adán Augusto López “desmintió” al Diario de Yucatán, incluso se lanzó contra el periódico. Sostuvieron tres días que al Presidente sólo le había dado coronavirus y que en cuestión de días regresaría a las conferencias en Palacio Nacional.

Error tras error. Tuvo que ser el mismo Presidente quien, sin reconocerlo, les corrigió la plana: se mostró aún con síntomas que delataron que, al menos ayer, no estuvo listo para sus actividades, también que lo ocurrido el fin de semana fue algo más que un simple contagio de covid-19: “Pues como que me quedé dormido, fue una especie de váguido, hablando coloquialmente… No perdí el conocimiento, sí tuve esa situación de desmayo transitorio…”, y con esa frase evidenció aún más el desastre que fue la información con la que su equipo decidió operar éste, su tercer contagio.

  • ¿Qué necesidad había? ¿Por qué la poca urgencia de no impedir el paso a las especulaciones? Lo anotamos en este espacio hace unos días: en redes sociales se dijo de todo y no porque sean las redes quienes dictan que agenda, pero hablamos de la salud del mandatario de un país. En Estados Unidos ahora mismo se debate sobre la edad de Joe Biden, quien acaba de anunciar que buscará la reelección. En caso de ganar, tendría 86 años cuando acabe su segundo mandato. Hay voces, incluso dentro del Partido Demócrata, que dudan de la pertinencia de una segunda candidatura cuando Biden es ya hoy el presidente de mayor edad que ha tenido la Unión Americana. La preocupación sobre sus óptimas condiciones para seguir al mando de su país se justifican por el tamaño de la responsabilidad. 
  • En México, la salud del Presidente de la República no puede convertirse en información clasificada, muchas vertientes de estabilidad se alimentan de la certeza y precisión sobre lo que ocurre con la figura presidencial. Eso ya tendrían que saberlo quienes andan junto a López Obrador, quienes se encargan de comunicar lo que ocurre con el mandatario.

Si esto lo reducen a una oportunidad para alimentar la polarización, por aquello del “El muerto que vos matáis goza de cabal salud…”, que dedicó el Presidente al referirse a las especulaciones que circularon en redes sociales o al “hablan con miel en los labios y ponzoña en el corazón…”, como expresó Adán Augusto López la mañana de este jueves para referirse también a las versiones varias que surgieron, al menos que reconozcan que todo lo que por más de 72 horas se dijo respecto a la salud del Presidente, fue gracias a que el gobierno de México le abrió las puertas para las preguntas que tardaron tres días en encontrar respuesta. 

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