El reguetón de Petro y de Trump
Al final, en este perreo geopolítico, Petro intentó marcar el paso, pero Trump terminó liderando la danza. El fin de semana nos regaló un espectáculo digno de los mejores dramas del reguetón colombiano. Donald Trump y Gustavo Petro protagonizaron un diferendo que nos ...
Al final, en este perreo geopolítico, Petro intentó marcar el paso, pero Trump terminó liderando la danza.
El fin de semana nos regaló un espectáculo digno de los mejores dramas del reguetón colombiano. Donald Trump y Gustavo Petro protagonizaron un diferendo que nos dejó a todos con la Tusa, como diría la gran Karol G.
Todo comenzó cuando Petro, en un arranque de Bichota, decidió rechazar dos aviones militares estadunidenses cargados de migrantes colombianos deportados. El presidente colombiano, queriendo mostrar que no es un Sin corazón, argumentó que sus connacionales merecían ser tratados con dignidad y no como criminales.
Trump, fiel a su estilo de Ay, Dios mío, no tardó en responder. Con la sutileza de un elefante en una cristalería, amenazó con imponer aranceles de 25% a los productos colombianos, con la promesa de subirlos al 50% en una semana. Parecía que Trump quería que Petro sintiera el Karma.
Petro, lejos de amilanarse, respondió con una andanada de tuits que rivalizaban en intensidad con los del magnate. Incluso se dio el lujo de retar a Trump a intentar un golpe de Estado en su contra, como si estuviera en el Ocean de sus sueños más locos.
Sin embargo, la realidad económica se impuso como un Watati en la frente. Colombia, con un cuarto de sus exportaciones destinadas a Estados Unidos, no podía darse el lujo de una guerra comercial. Así, en cuestión de horas, vimos a Petro pasar de la confrontación a la conciliación más rápido que un cambio de ritmo en Mi cama.
El gesto final de Petro, ofrecer su avión presidencial para repatriar a los migrantes deportados, fue digno de la letra de Te pido perdón. Un movimiento estratégico que buscaba salvar la cara y evitar un desastre económico, todo en un solo acto.
Este episodio nos deja varias lecciones. Primero, que la retórica populista, tanto de derecha como de izquierda, choca inevitablemente con las realidades de la economía y el comercio internacional. Segundo, que Trump sigue viendo la política exterior como una extensión de sus negocios inmobiliarios: todo se reduce a amenazas y negociaciones duras.
Al final, en este perreo geopolítico, Petro intentó marcar el paso, pero Trump terminó liderando la danza. La pregunta es: ¿cuántos más se verán obligados a bailar al ritmo de Washington en los próximos años?
Más allá del show, el episodio deja lecciones. Primero, que la relación con Trump será un tira y afloja de pragmatismo. Petro (y ningún otro presidente) no puede permitirse perder acceso al mercado estadunidense, pero tampoco puede mostrarse como un líder débil ante su base política. Segundo, que la migración sigue siendo el gran tema de campaña en EU y los gobiernos latinoamericanos tendrán que encontrar formas de adaptarse a lo que viene.
Y, finalmente, que la diplomacia de los arrebatos y la testosterona siempre termina en lo mismo: con uno de los dos bailando Felices los 4, aunque no sea por gusto, sino por necesidad.
Petro quiso plantarle cara a Trump, pero, al final, en esta partida, él fue el que terminó diciendo: Me porto bonito. Y para evitar ese tipo de papelones, como bien recomendó la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ahorita son momentos de mantener la cabeza fría y Con altura frente a las múltiples amenazas del gobierno que recién arrancó Donald Trump. Porque, de otra forma, todos vamos a terminar sólo catando la de SEJODIOTO.
