Culiacán
• ¿Qué habrán visto para que se decantaran por la liberación a sabiendas del costo político con el que cargarán el resto del sexenio?

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Pocos hechos han requerido tanta empatía como los sucedidos las últimas 48 horas. Y pocos acontecimientos nos han hecho sentir que, no importa lo que pensemos, nos encontramos en un error. ¿Cuál de las decisiones habría resultado menos desafortunada? Difícil respuesta, aunque lo que pasó nos dejó claros ejemplos de lo que no deberíamos ver, solo así podremos asegurarnos un mejor entendimiento de las circunstancias.
“Yo respaldé esa postura porque considero que lo más importante es la protección de las personas (...) tomaron decisiones que yo respaldo, que yo avalo porque se tornó muy difícil la situación y estaban en riesgo muchos ciudadanos, muchas personas, muchos seres humanos, y se decidió proteger la vida de las personas y yo estuve de acuerdo con eso, porque no se trata de masacres, eso ya se terminó (...) No puede valer más la captura de un delincuente que la vida de las personas...”.
La anteriores, sabemos, las palabras de Andrés Manuel López Obrador tras lo sucedido en Culiacán; esa tarde y noche de jueves que significan para su gobierno un antes y un después en varios temas. No habíamos visto una comunicación tan atropellada como la que operaron entonces para dar una explicación. En aquel mensaje de Alfonso Durazo, hace un par de noches, no lograron decir con todas sus letras lo que había sucedido. Recurrieron a los innecesarios eufemismos para argumentarnos que a Ovidio Guzmán López lo dejaron porque el operativo que, en principio no era tal, según decían al inicio, no contó con la respuesta esperada. Ni en número de elementos, ni en instrumentos legales que justificaran la detención. Nada. Tuvieron que pasar más de 12 horas para que aceptaran que, en realidad, todo se debió a un operativo mal instrumentado, tanto, que ni siquiera tenían lista la orden de captura, a pesar de que el personaje cuenta con una orden de extradición a Estados Unidos. Tan mala la comunicación, que ni siquiera autoridades locales sabían qué y cómo se realizaría la captura del hijo de El Chapo: “No teníamos conocimiento de este operativo, nosotros respondimos con base en lo que inicialmente nos dimos cuenta en las cámaras del C4 y posteriormente a los reportes que se presentaron en diferentes puntos de la ciudad...”, me aseguró el secretario de Seguridad Ciudadana de Sinaloa, Cristóbal Castañeda, en entrevista en Imagen Televisión. Todo mal. Peor informado aún. Este será un asunto porque deberán dar mejores explicaciones. Veremos qué tendrá que decir Alfonso Durazo en su comparecencia ante diputados el próximo 31 de octubre.
“El que tolera el desorden para evitar la guerra, tiene primero el desorden y después la guerra...”, reza Maquiavelo en El Príncipe. Una frase que ayer fue muy citada tras la liberación del hijo de El Chapo para evitar un momento de violencia mayor, porque tal vez no estaríamos hablando de ocho muertes, tan lamentables cada una de ellas, sino de decenas. La decisión que tomó el gobierno debió estar basada en elementos que muy seguramente no fueron sólo los que vimos en los varios videos que circularon en redes sociales. Y eso que, de facto, estos eran de por sí estremecedores. ¿Qué habrán visto para que se decantaran por la liberación a sabiendas del costo político con el que cargarán el resto del sexenio? Han sido muchos años de combatir al crimen organizado y parece que nadie ha atinado a la estrategia. Lo de Culiacán, pero también lo de Aguililla, Michoacán, e Iguala, Guerrero, tan sólo esta semana, lo que evidenció es que, en esta administración, no se han tomado las medidas necesarias o no se conoce el alcance de las organizaciones criminales. Sin embargo, lo que importa, y en eso tenemos que estar de acuerdo todos, es que entendamos quién es el enemigo.