El negociador agotado

Donald Trump, ese republicano envalentonado y decidido a soltar ráfagas verbales hacia nuestro país estando en campaña, es ahora un Presidente necesitado de atención y popularidad, que sólo ha sumado fracasos e intentos por cumplir sus promesas

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

“El muro va”. Así dijimos ayer que serían los titulares tras la visita de Donald Trump a Arizona. Y sí, aunque no lo dijo con esas palabras, se encargó de reiterarle a sus seguidores que la valla en la frontera quedará lista. Pero lo que más llamó la atención fueron sus declaraciones sobre el TLC. Como lo dijimos aquí, y tal como lo hemos visto en los últimos meses, Trump voltea a vernos cuando algo le sale mal, cuando necesita reafirmar su imagen de líder poderoso.

“Personalmente, no creo que podamos alcanzar un acuerdo... Así que creo que probablemente acabemos dando por terminado —el TLC— en algún momento (...) No creo que se pueda llegar a un acuerdo sin su finalización, pero veremos qué ocurre...”, afirmó respecto de la renegociación que la próxima semana iniciará su segunda fase de reuniones. Incendiaria declaración, cuya única finalidad es la intimidación. La respuesta del gobierno mexicano, lejos de mostrar debilidad, por el contrario, reafirma lo que siempre ha dicho Luis Videgaray con respecto a Trump, sobre que antes que cualquier cosa, el estadunidense es un negociante: “Más allá de sus declaraciones, EU está negociando y lo hace de una manera clara. Él es un tipo muy grande que está negociando (...) No es una sorpresa. Debemos reaccionar con seguridad y entender que es parte de un proceso de negociación. México seguirá negociando con claridad, con firmeza y con la cabeza fría. Tenemos que aprender a reaccionar, no a sobrerreaccionar a este tipo de declaraciones (...) Si quisiera terminar el TLC no creo que desperdiciara ocho meses en un proceso complejo, con muchísima gente involucrada...”, le dijo a Ciro Gómez Leyva ayer por la mañana en Radio Fórmula.

Y a la postura del canciller se le unió José Antonio Meade, secretario de Hacienda, “nuestra negociación, que continúa y sigue vigente, con sobriedad, con temple y con la certeza de lo mucho que México aporta...”. Y a ambos se les unieron los representantes del legislativo de Arizona, el estado donde apenas horas antes Trump quiso lanzar un mensaje de reto a nuestro país. Y es que el secretario de Relaciones Exteriores de nuestro país se reunió con los congresistas estadunidenses y salió de este encuentro con el apoyo de éstos en la bolsa, pensando en el futuro y en la resolución de problemas en materia educativa, cultural, migratoria, laboral y, claro, de seguridad. El mensaje de intimidación que Trump quiso mandar se disolvió entre los autoelogios que él mismo se lanzó la noche del martes. Ni ellos, legisladores de Arizona, y mucho menos los representantes de nuestro país, se intimidaron por lo dicho por el Presidente de Estados Unidos. Ni en su evento de campaña con ocho meses de retraso, ni en lo escrito en Twitter, su otra plataforma favorita, luego de su cantado pleito con los medios de comunicación de su país.

No hubo ninguna sorpresa en el evento de Trump en Arizona. Decíamos aquí que los tiempos eran otros. Ese republicano envalentonado y decidido a soltar ráfagas verbales hacia nuestro país que simulaba estando en campaña, es ahora un presidente necesitado de atención y popularidad, que sólo ha sumado fracasos e intentos por cumplir sus promesas. México, por el contrario, no se ha movido un ápice en su disposición al diálogo, y justo ahí es donde ha encontrado su fuerza, porque, tal como lo demostró ayer el canciller Videgaray, no está esperando a que todo se resuelva en una sola mesa y se comienzan a extender las redes de apoyo. Redes, que incluso llegan desde estados como Arizona, que Trump siente como suyo, pero que han demostrado mucha más empatía con la manera de hacer política de los negociadores mexicanos, porque conocen la importancia de la relación entre ambos países. Tal vez porque ahí radica la diferencia entre saber hacer política y simplemente ser un negociador. Un negociador con estrategias que se agotaron en escasos ocho meses...

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