¿Quién curará el catarro (o la neumonía)?

“No me bajo de este barco en medio de la tormenta...”, no podía despedirse distinto. Así lo hizo Agustín Carstens al anunciar su renuncia al Banco de México Banxico, donde seguirá fungiendo como gobernador hasta julio del próximo año. Pero más allá de eso, es ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

“No me bajo de este barco en medio de la tormenta...”, no podía despedirse distinto. Así lo hizo Agustín Carstens al anunciar su renuncia al Banco de México (Banxico), donde seguirá fungiendo como gobernador hasta julio del próximo año. Pero más allá de eso, es él a quien le debemos que las varias tormentas que se han suscitado en las últimas décadas en el mundo no nos hayan inundado. A Carstens lo vamos a extrañar.

Su carrera inició en 1980 en una de las oficinas del Banco de México, donde ocupó diversos cargos tanto en la división internacional del banco central como en la unidad de investigación económica y en la oficina del gobernador. Entre 1999 y 2000 fue director ejecutivo en el Fondo Monetario Internacional (FMI); luego fue subsecretario de Hacienda hasta el 2003. Posteriormente se incorporó al FMI como subdirector gerente. Y el presidente Felipe Calderón lo nombró secretario de Hacienda y Crédito Público, puesto que ocupó de 2006 a 2009.

Poco después fue nombrado gobernador de Banxico para el periodo 2010-2015. Su desempeño no sólo lo mantuvo en el cargo luego de esa primera gubernatura, sino que lo hizo merecedor de varios reconocimientos, como el Banquero Central del Año del Continente Americano o el Premio Bravo Trade. Además, ha sido nombrado, en diferentes ocasiones, como el Mejor Gobernador de un Banco Central. Nos salvó, en mancuerna con el entonces (y hoy también) secretario de Hacienda, José Antonio Meade, de uno de los peores periodos que han atravesado las economías del mundo en las últimas tres décadas. Cual dúo dinámico, no solamente evitaron que México se fuera junto con todos al abismo, sino que seguimos creciendo y a tasas considerables. Las pruebas ahí están.

Carstens ha sido una de las piezas clave para un periodo de la historia nacional que no se había mirado a los ojos a no ser por la tranquilidad que nos da el saber que, por mucho que los pronósticos económicos sean malísimos, hay una cabeza pensante al frente. Así nos lo hizo saber en 2008, cuando nos preparábamos para un huracán nivel 5 y él, con toda tranquilidad, nos dijo que México tenía acumulados 207 mil millones de dólares para enfrentar la crisis de aquel año. Y pese a los esfuerzos de algunos por hacer creer que México no saldría bien librado, nuestro país resistió como ningún otro en la región. Aguantamos no sólo un piano, sino la orquesta completa.

Carstens ha tenido el talento para parafrasear una realidad que a muchos, cuando se nos habla de números y dinero, les parece como si fuera arameo. Siempre con su maravillosa cualidad para traducir lo incomprensible con peras y manzanas (y mucho sentido del humor): “No hay balas de plata que uno pueda usar para que de repente haya más crecimiento, menos pobreza y más empleo…”, dijo cuando lo cuestionaron en 2006, como titular de la SHCP, sobre el porqué los empleos no iban de la mano del crecimiento. “Yo no doy el perfil, todos los secretarios de Hacienda han sido altos y flacos”, declaró cuando, antes de lo anterior, le preguntaron si se integraría al gabinete del entonces presidente Calderón. “Ya no voy a hablar en términos médicos, soy doctor en economía, no en medicina”, dijo luego de que previamente había soltado una de sus máximas: “Cuando EU tiene neumonía, México sólo tiene un catarrito…”. Decía al inicio que no podía despedirse distinto. No deja un barco a la deriva con una tormenta por venir. A Trump lo calificó como huracán nivel 5, luego dijo que se había degradado a tormenta tropical. Decíamos ayer, por ahora todo es pronóstico mientras no tome posesión de la Presidencia.

La ratificación como gobernador de Banxico que se le hizo a Carstens, a principios de año, lo mantendría en el puesto hasta el 31 de diciembre de 2021. No será así, pero es tan responsable que lo anuncia desde ahora para que el golpe se absorba poco a poco y sin tanta sorpresa. Y, la verdad, es que ahora no sólo México: el planeta va a necesitar a nuestro gordito Carstens, porque la neumonía Trump planea sobre el mundo entero.

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