Ora sí (se) nos cayó el veinte

Al parecer, todo lo que tenga que ver con Benito Juárez está siendo castigado este sexenio. Se nos volvería a morir el Benemérito de las Américas. El Estado laico no está siendo defendido por quienes tendrían que hacerlo. Ni por el que está al frente de la ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Al parecer, todo lo que tenga que ver con Benito Juárez está siendo castigado este sexenio. Se nos volvería a morir el Benemérito de las Américas. El Estado laico no está siendo defendido por quienes tendrían que hacerlo. Ni por el que está al frente de la institución obligada a hacerlo ni por quien lo usa a él, a Juárez, como insignia (López Obrador). Y ahora, nuestra moneda, la que lo trae impreso, se mira completamente devaluada. 20 pesos por un dólar. Los que saben, explican que el cruce de esta barrera sicológica se debe tanto a la fortaleza del dólar como a los temores de que Donald Trump pueda ganar la elección de noviembre. A buena hora vino el republicano a nuestro país. A buena hora, también, se enfermó Clinton. Nos decían que el dólar se estabilizaría en los 17 pesos, pero no, ayer, llegamos a un máximo histórico. Pasamos de los 12 pesos que valía el dólar hace cuatro años, a 20. Casi llegamos al doble.

Y aunque esto es una volatilidad global y nuestra moneda no es la única que se observa débil frente al dólar, sin duda, ésta es otra raya a un tigre ya bastante golpeado por una coyuntura que no se ha mostrado amable. Cuandoocurrió la visita de Trump a nuestro país, muchos habríamos querido escuchar un discurso contundente contra ese otro de odio, discriminación y segregación que él se ha encargado de pregonar y repitió en cuanto abandonó tierra mexicana y regresó a Arizona. Nada. Sólo un tuit. Y no, precisamente, respecto a la humillación constante, sino respecto al pago del muro. Y punto.

La contundencia llegó tarde. Apenas ayer en el mensaje en contra de los discursos de odio que dio Enrique Peña Nieto en la 71 Asamblea General de la ONU, cuando se refirió al problema de la migración: “La comunidad internacional puede mejorar la situación de los migrantes. Tenemos un compromiso pendiente con ellos, porque la migración no representa solamente el pasado y el presente de la humanidad, sino también su futuro (...) la historia demuestra que no hay barreras que detengan el movimiento de las personas (...) No las hay naturales ni tampoco artificiales. Para cada río ha habido siempre un puente, para cada obstáculo ha habido siempre un camino...”. Buen mensaje, pero nos habría encantado escucharlo en el marco de la visita de Donald Trump. La condena, el rechazo a esas tantas declaraciones del republicano debieron ser cuando estuvo parado junto a él en Los Pinos. Enfrentarlo cara a cara defendiendo a un país que es importantísimo no sólo para nosotros, sino también para la relación que EU tiene con el mundo.

Tal vez las especulaciones en el tipo de cambio del peso frente al dólar habrían sido un poco más sutiles. Parece que no logramos reponernos de ese desencuentro, menos con la neumonía que le pegó a Clinton y su nuevo rechazo a encontrarse con Peña Nieto antes de la elección del 8 de noviembre.

Una resaca larguísima que ayer, día de simulacro, nos pegó en el valor del dólar frente a nuestra moneda. Y no, eso no fue un simulacro: sí fue un terremoto. En momentos en que se discute el presupuesto y hay tantas manos reclamando que se estén limitando los recursos para programas como el de la prevención del delito, el ámbito económico nacional vive uno de sus momentos más álgidos. Aunque, sobre todo, y algo que también reconocen fuera de nuestras fronteras, la posibilidad de una victoria de Trump se ve como la enorme piedra en el camino. En unas horas, la Fed decidirá sobre sus tasas de interés y el próximo lunes es el debate, el primero, entre el republicano y Hillary, el movimiento de los números en las encuestas dependerá de cómo salgan ambos de ese primer encuentro. Por si aún hay quien piensa que lo que ocurre en EU no tiene efecto directo en los que vivimos de este lado de la frontera... Por lo pronto, nuestro Benito Juárez no está feliz por estar a la par de George Washington. Y nosotros, menos.

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