Entre santos, beatos y mesías

Andrés Manuel López Obrador, curiosamente, ha guardado absoluto silencio con respecto a todo lo sucedido el 26 de septiembre en Iguala.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

En el entendido de lo complicada que es la situación de un territorio como Guerrero y, peor aún, agregándole el factor “elección”, que se asoma para junio próximo es inconcebible reconocer cómo es que pinta su triste panorama político. A la tragedia, parece que le sigue pan y circo como camino rumbo a la elección que les dé a un nuevo gobernador.

A la renuncia de sus intenciones de convertirse en candidato (siendo el puntero en las encuestas), Armando Ríos Piter dejó puesta una pregunta que a quienes se anoten en la boleta les tocará responder. Y no será sólo aquélla, la que nos diga si éstos aspirantes a la gubernatura habrán sido capaces de sentarse y pactar con los grandes grupos de poder (el del narco posiblemente incluido) y caciques de Guerrero, como lo declaró Ríos Piter, al explicar su salida de la contienda. Una negativa a perpetuar la impunidad de que goza Ángel Aguirre y que hasta le podía permitir postular a su hijo para la alcaldía de Acapulco.

A esto, hoy, se suma la llegada de la “honestidad valiente”, comandada por Andrés Manuel López Obrador quien, curiosamente, ha guardado absoluto silencio con respecto a todo lo sucedido el 26 de septiembre en Iguala. Ah, eso sí, se ha trepado al grito de aquellos que piden la “renuncia” de Enrique Peña Nieto. Adicionalmente, AMLO se ha negado a responder preguntas con respecto a los nexos que hay entre él, Lázaro Mazón y José Luis Abarca. El hasta hace unas semanas candidato de Morena y secretario de Salud de Ángel Aguirre había sido el elegido por su “dedito” pejepoderoso para convertirse en el abanderado de su partido. Aunque, así como lo escogió, así lo bajó de la contienda y hoy sabemos que el mismo pejepoderoso “dedito” apuntó a Pablo Amílcar Sandoval. Claro, esto sin dar ninguna explicación del porqué a Mazón lo mandaron a la banca.

Seguimos esperando a que López Obrador nos dé razón de quien fuera su primer favorito para contender por la gubernatura de Guerrero; el mismo que fue padrino político (por decir lo menos) de José Luis Abarca. Y, al parecer, seguiremos esperando. Muy a pesar de sus críticas hacia la “mafia” que le ha “arrebatado”, dice él, la Presidencia en dos ocasiones, López Obrador hace caso omiso cuando se le hacen cuestionamientos de la naturaleza que sea. Actúa igual o peor que los grupos de los que se dice tan distinto. Él es el dueño y señor de su propio feudo. Él y su “dedito”. Como su dios, o al menos como su (tantas veces dicho) mesías (aunque sea absolutamente tropical).

Tan mesiánicas son las ideas con las que Morena se vende que incluso el ahora elegido —Amílcar Sandoval— ha declarado que “si Guerrero no quiere elecciones, no las habrá”. ¿Qué clase de candidato haría eco a una petición como ésta? Algo completamente antidemocrático. De naturaleza fascinazista: ¿quién es “Guerrero”? ¿Acaso Guerrero (cualquier conglomerado abstracto que esto signifique, como decir “el pueblo”) ya votó por no votar o cómo explica Amílcar tan delirante declaración? Voluntarismo al mejor estilo lopezobradorista.

Eso, lo indignante, de la mano de lo hilarante. Esta “izquierda” que no se cansa de intentar construir referentes religiosos en su metadiscurso. De “Morena” en clara alusión a la guadalupana a la que tanta devoción tienen los mexicanos, al “mesías” que los salvará de algo (de lo que sea, pero nunca de sí mismo, López Obrador), ahora pasamos a los “santos”. Ponga atención: @SanAmilcar es la cuenta de Twitter de su nuevo candidato guerrerense. San Amílcar Sandoval. Ajá: San Amílcar (quien, por cierto, desde su santidad, tampoco me quiso contestar sobre los pecados y las penitencias, digo, los nexos AMLO-Mazón-Abarca). Será porque hasta los “santos” también a su propio “santo” corren a arrimarse...

ME CUENTAN. Que el nuevo “santo” candidato de Morena es cuñado del otro canonizado opinador de La Jornada, el beato John M. Ackerman, periodista que así como un día pide vivos a los 43 normalistas, al siguiente reconoce que fueron incinerados con tal de comparar a México con el Estado Islámico y barbaridades por el estilo. Seguramente a como le vayan hablando al oído sus santísimas apariciones. Pero bueno, entre “santos” a eso no se le llama conflicto de interés: simple y pura evangelización proselitista... Amén.

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