Los encapuchados

Volver a México un infierno sería la peor de las tragedias. Sería la culminación de una pesadilla de la que queremos salir.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Lo lamento muchísimo. Lamento que una exigencia de justicia, de paz, sea manchada por la presencia de cobardes que literalmente incendian una manifestación pacífica. Si algo hemos observado en los últimos meses, es que la sociedad con un deseo legítimo de un país mejor ha aprendido a salir a las calles. Cualquiera que haya visto las manifestaciones estudiantiles que desde el asunto del Instituto Politécnico Nacional se han realizado, habrá visto que los contingentes caminan organizados. Incluso —y así lo hemos escrito aquí— van recogiendo la basura que generan a su paso. En las marchas previas a la de ayer, los grupos incluso se protegen con lazos que los rodean para evitar la infiltración de aquellos cobardes que por mera ideología o por un salario de quién sabe quién, llegan a violentar, a romper con estruendos un grito legítimo por un país de justicia.

Ésta es una observación que se han hecho todos. Curiosa y paradójicamente, es algo que reconocen quienes salen a las marchas y las autoridades a quien se dirigen las consignas. Yo escribía hace unas semanas, y a raíz del incendio en la puerta en Palacio Nacional, sobre lo peligroso que resulta atacar con fuego aquellos actos provocados con toda la intención de incendiar los ánimos. Volver a México un infierno sería la peor de las tragedias. Sería la culminación de una pesadilla de la que queremos salir.

Ayer mientras transmitía la Segunda Emisión de Cadenatres Noticias, me tocó dar el reporte en vivo de lo que ocurría en la calzada Ignacio Zaragoza. Ya sabíamos que el jueves 20 de noviembre sería un día complicado. La decisión de dejar libres las calles que se usarían para el tradicional desfile militar y deportivo que se realiza cada año, se convirtió en esa libertad para quienes deseaban salir a manifestarse por esa justicia, pero esos malditos encapuchados que nunca dan la cara son los que rompen con una legítima protesta. Ahí los vimos quemando patrullas, lanzando bombas molotov a los policías que intentaron contenerlos. Robando motocicletas, secuestrando una pipa de gas. 

Aquí no podemos equivocarnos, no podemos solapar ninguna de estas acciones. ¿O cuándo se ha visto que la violencia se acabe con más violencia? Este es uno de los puntos en que tenemos que estar de acuerdo todos: cualquier manifestación contra la violencia e injusticia debe realizarse dentro de las leyes que exigimos sean respetadas. O qué torpeza pensar que romperlas es un acto legítimo de protesta.

Ayer mismo en redes sociales se difundían instrucciones para salir a la calle, para alzar la voz de forma pacífica. Porque es la única forma para que el grito se escuche más fuerte. No debe caber en nadie ni un poco de intención de justificar estos actos de violencia.

Esto es también oportunidad para que como sociedad vayamos puliendo las formas en que deseamos ejercer nuestro poder para ser escuchados. Pero también para que la autoridad modifique las leyes que castiguen a aquellos que se empeñan en romper la paz que deseamos.

Addendum 1. Alfonso Navarrete recibe del Gobierno de España la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil de la Corona Española. Es la primera condecoración concedida por el Rey Felipe VI, obedece al trabajo emprendido por el titular de la STPS y que ha permitido a México colocarse como un actor de responsabilidad global en el ámbito laboral. Se estrechan así también los lazos de cooperación entre México y España.

Addendum 2. Con respecto a lo escrito ayer en esta columna (en el addendum), me informan que los directivos de MVS no coinciden con lo dicho aquí. Que el reportaje sobre la Casa Blanca salió de manera independiente a la notificación de improcedencia que el Ifetel le daba a MVS para entrar a la carrera que le permitiría la entrada a la televisión abierta...

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