¿Quiénes son los “empresarios” en México?
Aquéllos que concebimos (y se conciben) como la élite, quizá no lo son. Bien haríamos en darnos cuenta de ello. En la medida en la que lo entendamos, podremos comprender que la agenda más empresarial de todas es la que va directo y de frente en contra de los “empresarios” que han crecido sólo por su cercanía con el poder político
Hay varios mitos sobre el empresario mexicano. Expongo tres:
El primer mito es que todos los empresarios son ricos. De hecho, 8.3% de los empleadores mexicanos viven en pobreza, esto es, sus ingresos son menores a la línea de bienestar que fija Coneval, o menos de 3 mil pesos en zonas urbanas (Coneval 2018). De un total de 2.4 millones de empresarios mexicanos que tenemos registrados como empleadores formales, 200 mil viven en pobreza.
Muchos otros, de hecho, 85% gana menos de 13 mil pesos mensuales. Esto es 358 mil empresarios (ENOE 2017). Pongamos esto en perspectiva: En México, una familia de 4 necesita un ingreso de 12 mil pesos para satisfacer sus necesidades básicas alimentarias y no alimentarias (Coneval, 2018). La gran mayoría de los “empresarios” mexicanos a penas y pasan la quincena.
Si consideramos como empresarios a los trabajadores por cuenta propia (formales e informales) que emplean al menos una persona, el número se amplía a 437 mil personas ganando más de 13 mil pesos. Pero, el número de “empresarios” que viven en pobreza pasa de 200 mil empresarios a 700 mil (ENOE 2017).
Un segundo mito es que todos tienen intereses similares. No es así porque la desigualdad entre los empresarios mexicanos es brutal y enorme.
De hecho, si los empresarios mexicanos crearan un país en el que sólo habitaran ellos, ese país sería el más desigual del mundo. Y por mucho. Actualmente, el país más desigual del mundo, de acuerdo con el Banco Mundial, es Sudáfrica, con un índice de desigualdad de 63 puntos (donde 100 es absoluta desigualdad). Los empresarios mexicanos, las personas morales para ser exactos, tienen un índice de desigualdad de 88 (Castañeda 2018 con datos del SAT). Es decir, nuestras empresas son 54% más desiguales que países como Namibia, Botswana y Zambia (estimado aritmético; conservador). Y mucho más desiguales que el país más desigual de Latinoamérica: Brasil.
El país hipotético de los empresarios en México sería 72% más desigual que Brasil. Y Brasil es una tragedia humanitaria.
En Brasil, por ejemplo, le toma 19 años de trabajo a una persona ganando el mínimo obtener lo que una persona en el 0.1% más rico de la población gana en un mes. Esto no es nada comparado con lo que le tomaría a un microempresario mexicano convertirse en una de las quinientas empresas más grandes del país. Entre los empresarios mexicanos, 10 mil personas morales concentran la totalidad de la utilidad, dejando menos del 10% al resto de las 690 mil empresas que están registradas como formales (véase Diego Castañeda 2018 con datos del SAT).
El tercero es que todos los “empresarios” se han forjado por su propio esfuerzo.
La mayoría sí, y de eso nos sentimos muy orgullosos. Sin embargo, existen unos pocos que han creado su riqueza debido a su cercanía con el poder político y su capacidad por influenciar la toma de decisiones políticas. Es equivocado llamar a estos pocos “empresarios”, ojalá tuviéramos un mejor término para diferenciarlos del resto del verdadero empresario mexicano.
El que haya algunos “empresarios” que se hayan beneficiado del poder explica, al menos en parte, que tengamos un México con muy poca competencia y con amplísima desigualdad, incluso entre los empresarios mismos.
En conclusión, cuando hablemos del empresario en México debemos considerar que la gran mayoría de los empresarios tiene muy poco en común con las familias más poderosas del país y, por tanto, dudosamente podrían ser representados por ellas.
Penosamente, tampoco podrían ser representadas por el Consejo Coordinador Empresarial por una simple razón: no les alcanzaría para pagar las cuotas y membresías. Ésa es la realidad del empresario en México.
Así, por el bien de todos y de México en su conjunto, urge un baño de realidad.
El empresariado promedio tiene poco en común, si no es que nada, con los intereses de aquellas familias ricas del país que han creado su riqueza por ser amigos del poder.
En realidad, el empresario más común, el empleador promedio de este país, es un reflejo extremo de lo que es México en su conjunto: un grupo diverso de individuos donde unos cuantos, sólo unos cuantos, concentran la mayor parte de los recursos. Esos pocos que concentran la mayor parte de los recursos, también concentran la mayor parte del poder político.
No hay política más empresarial que aquella que promueva la competencia y la división del poder económico y del poder político. La Cofece, en este sentido, es una gran herramienta para México y para cualquiera que quiera crear una economía más redistributiva. Quizá una de las herramientas más importantes y que más debe fortalecerse.
En México hay un empresario pequeño y muy amplio, el más amplio de todos, que sufre por no poder competir contra los monopolios. Y que no puede sobrevivir en un país donde la formalidad es demasiado cara (en términos de dar pocos beneficios).
Doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard
Twitter: @Viri_Rios
