A mi Pilar. Feliz cumpleaños.
“Eso depende de ella”, respondió la presidenta Sheinbaum ante la pregunta expresa sobre la continuidad de Guadalupe Taddei al frente del INE, en la explosiva conferencia de prensa del viernes 23 de octubre. “Yo sólo digo que creo que es relevante, que no debe haber ninguna sombra de corrupción, que tienen que hacerse las auditorías que tengan que hacerse”, proseguiría la mandataria sin dudarlo por un instante.
La suerte de Taddei, en ese momento, había sido echada. La ofensiva en su contra fue demoledora, y parecía haber sido planeada al milímetro por quien tuviera la capacidad de hacerlo. Las revelaciones periodísticas iniciales, los videos que revelaban información cada vez más escandalosa hasta culminar en lo que no dejaba lugar a dudas sobre una relación inapropiada entre un funcionario público y su mayor proveedor comercial. “París a tus pies, chamaquito”, ofrecía el empresario consentido del INE al hijo de la presidenta del instituto, tras haber brindado con un sabroso “champán de París” en un hotel de superlujo de la capital francesa. “A huevo”, celebraba el contratista. “Salud a todos ustedes, familia”, concluiría con voz rasposa. “Está a toda madre…”.
“Ay, cómo eres, Alfredo”, respondería Guadalupe Taddei, en otro documento más, a los piropos de quien lo mismo tenía la atribución informal de girar órdenes a los funcionarios del INE que de llevarle comida a domicilio. “Soy feliz con tan poco”, aseguraba la funcionaria, con voz melosa, a quien sabía que con sus atenciones se seguiría embolsando cientos de millones de pesos. El repudio se generalizó de inmediato, aun entre los practicantes del obradorismo: la situación pronto se volvería insostenible para Guadalupe Taddei y, al escribir estas líneas, su renuncia había sido anunciada en redes sociales a pesar de las protestas del ala más dura del movimiento. Quien le suceda en el cargo, lo saben muy bien, no habrá de responderle a Andrés Manuel, sino a Claudia…
“Ya les he dado muchas notas hoy”, advirtió la presidenta Sheinbaum antes de responder a la pregunta que dejaba sin opciones a la funcionaria impuesta por su antecesor. La conferencia de prensa había girado en torno a las declaraciones de la gobernadora de Chihuahua, a diferencia de los días anteriores en que las protestas del IMSS habían ocupado casi por completo la agenda pública. “Levantamos la voz en algún momento, sí, las dos”, reconoció la mandataria antes de soltar la bomba. “Ella me dijo que pensaba que Ariadna tenía nexos con el narcotráfico”, señaló la Presidenta en referencia a la presidenta de su propio partido, designada en su cargo por el mismo Andrés Manuel. “Y le dije: ‘si tienes pruebas, preséntalas’”, añadió. “Ariadna es una mujer honesta, que dirige muy bien a Morena. Pero si alguien tiene pruebas contra cualquiera, pues no es un dicho, es una denuncia con pruebas”, concluyó a sabiendas de la relación de su interlocutora con las autoridades estadunidenses. Ariadna Montiel ha tratado de defenderse, pero su suerte parece haber sido echada a pesar de las protestas del ala más dura del movimiento: quien le sucediera, de prosperar las acusaciones, tampoco habría de responderle a López Obrador sino a Claudia Sheinbaum.
“Todos hemos estado en una reunión en la que dos personas se tiran indirectas”, escribíamos en estas mismas páginas a principios de octubre, en referencia a la incierta relación actual entre la Presidenta y el exmandatario. “Sonrisas cordiales, referencias veladas, palabras amables: mensajes crípticos que se espera que el otro reciba mientras el resto del mundo no entiende”, decíamos entonces. Las indirectas, como advertimos, han pasado a ser directas: en Palenque, al parecer, no se ha comprendido que el problema no es la aparición de un cisne negro, sino el hecho de que han llegado todos juntos y descienden en parvada sobre el proyecto del exmandatario. La presidenta Sheinbaum, mientras tanto, mantiene la cabeza fría y envuelve el puño de hierro en guante de seda. A río revuelto, lo sabe muy bien, ganancia de una sola pescadora…
