La estrategia de la ignorancia

Víctor Beltri

Víctor Beltri

Nadando entre tiburones

El mundo es muy distinto cuando se vive en la obscuridad absoluta. Los resultados de la prueba PISA son escalofriantes por el futuro que anticipan: una sociedad incapaz de comprender a profundidad un mensaje, o de resolver los problemas complejos de su entorno, se convierte de inmediato en una masa vulnerable a la manipulación política.

“A partir de hoy inicia el depósito de la beca Rita Cetina a casi diez millones de niños y niñas en escuelas primarias públicas”, anunció festivo el secretario de Educación Pública hace unas cuantas semanas, en un mensaje difundido por redes sociales. “2,500 pesos que les manda la Presidenta como apoyo para útiles, uniformes o, por qué no, un buen libro”, enfatizó mirando a la cámara. “Ya cayó el dinerito”, celebró el también expresidente de Morena mientras se frotaba las manos, a sabiendas del impacto que tendrían sus palabras sobre un electorado cada vez más dependiente de los apoyos sociales.

“Ayudando a los pobres va uno a la segura”, explicaba el expresidente López Obrador en enero de 2023. “Porque ya sabe de que cuando se necesite defender, en este caso la transformación, se cuenta con el apoyo de ellos; no así con sectores de clase media, ni con los de arriba, ni con los medios ni con la intelectualidad”, aseguró. “Entonces no es un asunto personal, es un asunto de estrategia política”, confesó el exmandatario que substituyó, de un plumazo, lo que era un sistema educativo funcional por lo que denominó pomposamente como Nueva Escuela Mexicana. Un bodrio absoluto que, como demuestran los resultados de la prueba PISA, mantiene a 4 de cada diez estudiantes en la obscuridad del conocimiento. Un bodrio que, al mismo tiempo, no es más que una máquina de generar votos.

La Nueva Escuela Mexicana ha sido un fracaso indiscutible en lo educativo, pero al mismo tiempo un éxito rotundo en lo político: los maestros no sólo se han convertido en un grupo de choque y movilización electoral al servicio del gobierno, sino que los estudiantes han perdido la capacidad de ejercer el pensamiento crítico y se han acostumbrado a recibir las dádivas del bienestar. La meritocracia se ha convertido en un anatema propio del período neoliberal, y la clase media no sólo es vista con desconfianza por el gobierno, sino que ha sido etiquetada desde la tribuna presidencial como desleal y aspiracionista. El discurso de odio llegó hasta los libros de texto gratuito, y desde hace ocho años se repite de manera constante la mentira de que la corrupción terminó con la llegada de la 4T y los partidos de oposición sólo quieren regresar para robarse el dinero que las familias reciben en sus tarjetas. La educación ha fallado, pero el adoctrinamiento se refleja en los índices de popularidad que continúan imbatibles a pesar de las pifias gubernamentales. El mundo, sin duda alguna, es muy distinto cuando se vive en la obscuridad absoluta.

El futuro, por desgracia, no deja demasiado lugar al optimismo: los jóvenes que hoy no son capaces de comprender un simple texto, ni de entender las advertencias de lo que les espera, no sólo tienen asegurado su pase al siguiente grado escolar sino que recibirán su credencial de elector unos meses antes de la elección presidencial de 2030. Las mentiras se sucederán, mientras tanto, y no sería de extrañarse que los apoyos sociales se incrementen hasta vaciar las arcas del erario: para el expresidente, así como para sus seguidores más cercanos, el fin siempre ha justificado los medios. Lo que llamaron, en su momento, el plan B.

“Ya cayó el dinerito”, celebró Mario Delgado consciente del retorno electoral esperado por la inversión económica. “2,500 pesos que les manda la Presidenta”, enfatizó sin importarle romper con la legislación vigente. “No es un asunto personal”, como confesó el santón de Macuspana en uno de sus escasos momentos de honestidad. La ignorancia de nuestros jóvenes se trata, tan sólo, de un mero asunto de estrategia política.