Ojalá que sepan lo que están haciendo. La detención del exfiscal de Chihuahua, César Jáuregui, por el inusitado delito de traición a la patria, sin duda, servirá para inflamar por unos días el sentimiento de patrioterismo y defensa de la soberanía que ha sido el sello de esta administración. Al ejecutar la orden, sin embargo, dejaron abierta la Caja de Pandora.
Los argumentos jurídicos pueden ser debatibles, pero las consecuencias políticas serán ineluctables. A todos los niveles, sin lugar a dudas: en lo interno, la detención de quien aspiraba a una candidatura en el proceso de 2027 no sólo pone en evidencia la lucha descarnada por el poder al interior de los gobiernos estatales de oposición, sino que despierta serias dudas sobre las lealtades e intenciones de Maru Campos; en lo nacional, la captura de quien está siendo procesado por haber destruido un narcolaboratorio traerá de inmediato a la memoria las tropelías de aquellos que, por su cercanía por el régimen, parecen gozar de impunidad absoluta. En lo externo, por si fuera poco, la detención de Jáuregui no es más que combustible para las acusaciones más serias de Donald Trump en contra de nuestro gobierno. Ojalá, de verdad, que sepan lo que están haciendo.
“Vendrán ataques más duros contra mi persona y mi trabajo”, advirtió Jáuregui en un video difundido en redes sociales antes de su captura. “Y con mi propio equipo”, aseguró quien aspira a la alcaldía de la capital del estado. “Porque quien no ha podido conquistar el corazón de la gente es capaz de recurrir a cualquier recurso (sic) para alcanzar sus propósitos. Los hechos ocurridos en el Pinal marcaron una diferencia, y dejaron claro que en Chihuahua se combate al narco. En su momento, asumí la responsabilidad total y por eso presenté mi renuncia. Si hoy tuviera que tomar la decisión de desarticular el narcolaboratorio de Morelos, estoy seguro que lo volvería a hacer. Porque lo verdaderamente imperdonable hubiera sido ser omiso y tibio en el combate al crimen organizado”, afirmó. “Si hoy por esos hechos me fincan alguna responsabilidad, estoy listo para asumirla con orgullo”, explicó no a México, sino al mundo entero. “A mí no me van a doblar. Hay quienes hoy sienten presión desde el poder. Les digo: su dignidad está primero, y su trabajo merece respeto”, asentó. ¿Dónde queda la exgobernadora, y la oposición entera, después de todo esto?
“Ya si se descarrila el tren es otro pedo”, bromeaba el amigo del hijo del expresidente al presumir el desfalco que causó a la administración pública por la venta de material fuera de norma para la construcción del Tren Maya. “Cada 3 mil metros cúbicos su mochadita”, alardeaba quien ahora trata de pasar desapercibido ante los medios nacionales, mientras que goza de su fortuna ingente en los destinos más lujosos del mundo, y ha sido descartado de cualquier investigación oficial por el gobierno mexicano. La doble vara entre el flamante empresario —quien pasó de los azulejos a ser uno de los principales proveedores del gobierno del padre de su mejor amigo— y el funcionario que destruyó un narcolaboratorio, no es sino evidente. ¿De qué trata la justicia, entonces, para la administración en turno?
“Estamos trabajando con México, pero desafortunadamente los cárteles lo controlan”, aseguró el presidente Trump por enésima vez, a unos días de la que probablemente sea la elección más importante de su vida. “Se lo digo a la Presidenta, y no le gusta”, afirmó el mandatario cuyo futuro depende cada vez más de un “Hail Mary” que pueda salvar su futuro a menos de dos semanas de las elecciones intermedias. La justificación para un golpe de efecto, que levante las encuestas, podría haberle llegado del cielo. De la frontera sur, para ser más específicos. ¿Quién le ha puesto la oportunidad enfrente?
Ojalá que sepan lo que están haciendo. La captura de Jáuregui se presumirá durante unos días, la soberanía se defenderá ante el extraño enemigo, el discurso triunfal durará hasta que deje de hacerlo. Lo que sea que salga de la Caja de Pandora, sin duda alguna, lo veremos muy pronto.
