Rata de dos patas
Desde hace tiempo, el INE parece estar tarareando Piérdeme el respeto con entusiasmo.
Esta semana, México perdió a una de sus voces icónicas, murió Francisca Viveros Barradas, mejor conocida como Paquita la del Barrio. Su inconfundible estilo y letras no sólo destrozaban a los hombres infieles, mediocres y traicioneros, sino que retrataban con precisión quirúrgica los vicios de la clase política.
Por ejemplo, el INE comenzó la impresión de las más de 602 millones de boletos para la elección de diversos cargos del Poder Judicial de la Federación, se le da un Cheque en blanco a un proceso que ha estado lleno de errores y pifias. Desde hace tiempo, el INE parece estar tarareando Piérdeme el respeto con entusiasmo, convirtiéndose en una caricatura de lo que alguna vez fue. A quienes aún confían en que el sistema judicial mejorará con esta elección, bien se les podría cantar a todo pulmón: “Tres veces te engañé, tres veces te engañé, tres veces te engañé. La primera por coraje (de Andres Manuel López Obrador), la segunda por capricho (de Claudia Sheinbaum) y la tercera por placer (de Morena)”.
Si los errores encontrados en el listado de candidaturas ya eran bastante pintorescos, la creatividad no tuvo freno cuando se supo que algunos aspirantes pretendían aparecer en la boleta con apodos que bien podrían haber salido de una película de acción de bajo presupuesto. Que si “El juez de AMLO”, “El juez del pueblo”, “La Jueza de la verdad”... Sólo faltó un Pobre pistolita para completar el circo.
No fueron los únicos que parecen haber inspirado el cancionero de Paquita. Morena ha demostrado que la recolección de cascajo no es sólo un tema ambiental. Resulta que, pese a haberlo repudiado con vehemencia y llamarlo Rata de dos patas, el partido terminó afiliando a Miguel Ángel Yunes Márquez. Hace poco era el villano favorito del morenismo, pero con la rapidez con la que se vacía Al cuarto vaso de vino, ahora es parte de la familia. En Morena, parece que No hay quinto malo y el pragmatismo político supera cualquier agravio pasado.
Mientras tanto, la política exterior de México se encuentra en una encrucijada. Estados Unidos ha decidido designar a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas, lo que ha dejado al gobierno mexicano entre A mí que me lleve el diablo y Me saludas a la tuya. Esta jugada, según dicen algunos, abre la puerta a posibles intervenciones más directas de Washington en territorio nacional, algo que el gobierno de Sheinbaum busca evitar, reforzando la Constitución para blindarse de injerencias extranjeras. La Presidenta ha decidido demostrar que Las mujeres mandan y desde su mañanera se erige como la defensora de la soberanía nacional, aunque por otro lado sigue capturando Fichas negras del narco para que en Estados Unidos vean que su gobierno es Terco, pero sabroso.
Y como si la diplomacia no tuviera suficientes problemas, el ultimátum de Ismael El Mayo Zambada al gobierno mexicano para que reclame su extradición añade otro nivel de tensión. Mientras algunos intentan dilucidar si esto es una jugada política, un acto de desesperación o un simple Invítame a pecar, la realidad es que las relaciones entre México y Estados Unidos están en tensa calma.
Entre errores administrativos, reciclaje de adversarios, disputas judiciales y tensiones internacionales, la semana ha sido un recordatorio de que, en México, la política siempre se juega Como un perro que persigue su propia cola. Como bien cantaría Paquita, en todas partes del mundo hay una colección de Hombres malvados y Escoria humana que sólo velan por sus propios intereses.
