La familia feliz, feliz, feliz
• El mandatario vive en una realidad del tipo Nosotros los pobres y Ustedes los ricos, donde hay una lucha de clases.

Vianey Esquinca
La inmaculada percepción
En las últimas semanas no ha habido mensaje del presidente Andrés Manuel López Obrador que no haga alusión a la familia mexicana. Para él, “esta epidemia no se cura sólo en los hospitales, se cura en la familia", “tenemos una ventaja con relación a otros países, tenemos una familia fraterna, los mexicanos contamos con ese gran activo".
Todo indica que el mandatario se quedó estacionado en la época de oro del cine mexicano. Con una imagen donde el papá, la mamá y varios hermanos y hermanas se reunían alrededor de la radio y la televisión a escuchar lo mismo una novela que algún mensaje presidencial.
Eso explicaría muchas cosas. Por ejemplo, que realmente piense que con un mensaje emitido el viernes pasado después de las 10 de la noche y conferencias nocturnas sea suficiente para que la gente entienda que debe quedarse en casa. Para él, su llamado ha sido todo un éxito: “la gente está en sus casas, sólo están saliendo para cuestiones básicas, indispensables”. Esto, a pesar de la gran cantidad de evidencia recogida por medios tradicionales y digitales en los que se alerta que la gente no se está quedando en su casa porque no puede o porque no quiere.
Por supuesto, dentro de esa visión tradicional de la familia no cabe la violencia intrafamiliar contra mujeres o niños/niñas: “No vayan a salir a decir sin fundamento que, como ahora la gente está en sus casas, hay más confrontación, hay más violencia. No está sucediendo eso… al contrario, yo creo que eso nos ha estado ayudando muchísimo, la fraternidad de la familia”. Para él, al finalizar el día todos se reúnen alrededor de la mesa, por supuesto con el papá en la cabecera a contar como les fue durante el día. No hay celulares ni videojuegos. Todos ríen.
Si varias organizaciones han alertado del aumento en llamadas de emergencia o en el riesgo que corren las mujeres al estar bajo el mismo techo que su abusador, es porque son neoliberales y conservadores queriéndolo atacar.
En esa visión idealista de la familia, las mujeres cual Libertad Lamarque o Marga López son capaces de sacrificarse por la familia y por eso no hay que preocuparse tanto por no tener enfermeras: “no tendríamos las enfermeras que se requieren en caso de que haya un desbordamiento de la epidemia. Pero contamos con millones de enfermeras en los hogares de México, enfermeros y enfermeras, pero más enfermeras… todavía por nuestras culturas, nuestras costumbres, son las mujeres las que más atienden a los padres, los hombres somos más desprendidos”.
En su mundo, las abuelas son como doña Luisa García, interpretada por Sara García en la película los Tres García, quien obligaba a sus traviesos nietos Luis Manuel, Luis Antonio y José Luis (Víctor Manuel Mendoza, Pedro Infante y Abel Salazar) a portarse bien y a regresar al buen camino. Por eso, para López Obrador no tuvo nada de malo saludar a una venerable anciana como Consuelo Loera Pérez, madre de Joaquín El Chapo Guzmán y abuela de Ovidio Guzmán.
El mandatario vive en una realidad del tipo Nosotros los pobres y Ustedes los ricos, donde hay una lucha constante de clases. En esa lógica él siente que está destinado a ayudar a Pepe el Toro no a Manuel de la Colina que abandonó a su hija Chachita. Por eso les ha dado la espalda a los empresarios le piden ayuda para aguantar la recesión producto de la contingencia sanitaria.
No es sólo que el mandatario tenga otros datos, sino más bien vive en una película blanco y negro donde la familia ve el Chavo del Ocho y a Chabelo, las crisis son transitorias porque tarde o temprano va a triunfar el bien sobre el mal y llegará el final feliz.