Andy contra el imperio

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

En la política, como en la vida, existen algunas reglas elementales de supervivencia digital. Una de ellas es no escribir, postear ni mandar mensajes por WhatsApp bajo los efectos del alcohol, de una sustancia prohibida o de un enojo capaz de nublar el juicio. También conviene resistir la tentación de seguir los consejos de amigos, familiares o, peor aún, de los padres, que en lugar de bajar la temperatura, calientan la cabeza del que se siente agraviado y lo animan a responder. Cuando alguno de estos supuestos se cumple, surgen maravillas como la carta que escribió Andy López Beltrán después de que Estados Unidos le retiró la visa.

No es la primera vez que lo hace. Andy tiene una cualidad que debe quitarles el sueño a sus asesores. Cuando algo sale mal, escribe. Se sienta frente al teclado y convoca a la historia, a la patria y a sus principios. Culpa al hampa del periodismo, a los espías, a la derecha conservadora, a los jefes de pandillas en EU y, si hace falta elevar el dramatismo, hasta a Hitler. Con la misma soltura con la que justifica sus lujosos viajes a Tokio alegando extenuantes jornadas de trabajo, ahora explica cómo funcionarios estadunidenses decidieron tomarla en su contra, porque sí, todo gira alrededor de él. De tal palo. 

Hay que reconocerle, sin embargo, su generosa capacidad para hacer reír. En esta carta hay varios momentos memorables, entre ellos pedirle al presidente de Estados Uniddos que tomara medidas contra los funcionarios involucrados en su agravio. Nadie alcanza a imaginar la angustia y la mala noche que debieron pasar el subsecretario de Estado Christopher Landau y el secretario Marco Rubio ante la posibilidad de que Donald Trump atendiera la sugerencia de Andy y los cesara de inmediato. 

Por supuesto, todo este episodio deja preguntas que hoy no tienen respuesta. ¿Por qué le quitaron la visa? En efecto, no hay acusación formal, pero tampoco se trató de una condecoración. Algo debió haber hecho que no le gustó al gobierno estadunidense. ¿Por qué Andy sintió la necesidad de escribir una carta tan airada si asegura que no le interesa visitar ese odioso país? ¿Se está poniendo el huarache antes de la espina? ¿Ese show que anuncia Landau lo involucra? ¿En qué momento su visa se convirtió en un asunto de soberanía nacional? EU podrá ser arrogante, pero conserva el derecho de decidir a quién deja entrar a su territorio, igual que lo hacen México y cualquier otro país del mundo. ¿Por qué la Presidenta tiene que cargar con ese bulto incómodo?

Claudia Sheinbaum tuvo que dedicar varios minutos de su mañanera a un problema que no generó y, como ya es costumbre, volvió a recurrir al argumento de la soberanía. La mandataria ha construido con Washington una relación pragmática que le ha permitido navegar aranceles, amenazas, seguridad y migración sin romper la mesa. Ahora debe seguir gastando capital político defendiendo a alguien cuyo principal mérito partidista es el apellido. 

Morena, por su parte, no se quedó atrás y resolvió el dilema mediante el método clásico de convertir el problema en una bandera. El partido emitió un comunicado en el que recuerda que México es un país libre, independiente y, faltaba más, soberano. Resulta llamativo el fervor patriótico del partido que descubre la injerencia extranjera cuando el afectado se apellida como su fundador.

La carta de Andy transformó una decisión migratoria en una eventual crisis diplomática, en munición para la oposición y en migraña para el poder. Por si las dudas, el morenista debe estar contando los días para convertirse en diputado y adquirir fuero.