Instrumentos que fortalecen los derechos políticos de las mujeres
Es de celebrar que México sea uno de esos países que lograron ya pasar el umbral de 30% de participación política de mujeres en los Congresos.
Patricio Ballados Villagómez*
Es posible pensar en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) acordados por los líderes del mundo, como un menú de prioridades globales.
Son más que eso. En tanto que están asociados a indicadores y metas concretas, los ODM reflejan también lo que a comienzos de este siglo se veía como factible. Había, desde entonces, el conocimiento de que determinadas políticas públicas pueden resultar en la consecución de cada uno de los objetivos.
En ese marco, no es de extrañar que uno de los Objetivos se haya orientado hacia la promoción de “la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer”. A diferencia de otros tiempos donde los límites impuestos por el patriarcado parecían inamovibles, en este siglo se tiene conciencia plena de que es posible que las mujeres ejerzan plenamente sus derechos fundamentales y gocen —en igualdad de condiciones que los hombres— del desarrollo de sus pueblos. Hay instrumentos de política que han funcionado para propiciar transformaciones, inclusive culturales.
Es el caso del ejercicio de los derechos políticos de las mujeres, en particular de su prerrogativa para formar parte de los asuntos públicos de sus países. Desde el último cuarto del siglo pasado se ha demostrado que algunas acciones afirmativas pueden producir las condiciones para que más mujeres lleguen a los gobiernos, a los congresos y, en general, a los entes decisorios. Con ello, la calidad de las democracias mejora, pues se vuelven más representativas de las poblaciones, al tiempo que se enriquecen los enfoques con los que se toman las decisiones públicas.
A 13 años de iniciado el milenio, los resultados son contrastantes. Por un lado, la cantidad de países que logran pasar el umbral de 30% de representación en los Congresos se mantiene bajo (34 lo han hecho en sus cámaras bajas).
Es posible, sin embargo, advertir una tendencia favorable. Desde el año 2000, la cantidad de mujeres en los parlamentos ha crecido 48 por ciento. Hoy una de cada cinco congresistas en el mundo es mujer.
Ciertamente, las mejores condiciones para lograr la participación equilibrada de mujeres en la política están dadas por entornos igualitarios. Dos de cada tres países que lograron pasar el umbral de 30% de representación son, a su vez, países igualitarios, pues tienen Índices de Desigualdad de Género (IDG) alto o muy alto.
Ello muestra la idoneidad de usar otros instrumentos disponibles para acortar el trayecto. Las cuotas de género son, hasta ahora, la herramienta que mejor lo ha logrado. 27 de los 34 países que ya pasaron el umbral de 30%, las utilizaron.
Es de celebrar que México sea uno de esos países que lograron ya pasar el umbral de 30% de participación política de mujeres en Congresos. El reto está ahora en replicar la experiencia lograda a nivel federal hacia los estados y municipios donde la participación femenina sigue siendo muy escasa. Lo importante es que ya hay un camino aprendido por actores institucionales, partidos y —sobre todo— por las propias mujeres.
*Director del área de Gobernabilidad Democrática del Programa de Naciones Unidas
para el Desarrollo en México.
