El eslabón para el sufragio universal

En México las mujeres alcanzamos nuestros derechos ciudadanos después de un largo proceso de movilización.

Guadalupe Gómez Maganda*

La democracia se caracteriza por la creciente incorporación de grupos tradicionalmente marginados a la vida pública. El caso más significativo es el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres, evento fundamental para la conformación de una nación moderna, productiva y justa.

En México las mujeres alcanzamos nuestros derechos ciudadanos después de un largo proceso de movilización, que inició  y se desenvolvió al calor de la Revolución Mexicana y tuvo su momento fundacional en la iniciativa del presidente Miguel Alemán Valdés, quien, motivado por sus propias convicciones y cumpliendo un compromiso de campaña, promovió ante el Congreso de la Unión el reconocimiento constitucional de los derechos políticos de las mujeres en el municipio, célula básica de nuestra organización política y ámbito social donde se vive el ejercicio cotidiano del poder público. Este antecedente y el ejercicio responsable de las mujeres mismas, prepararon el advenimiento ineludible del sufragio universal seis años después.

¿Era necesario el eslabón de la ciudadanía municipal para que las mexicanas lográramos la ciudadanía universal?  Así lo pensó seguramente el presidente Alemán al considerar en la exposición de motivos de su iniciativa  que la demanda de igualdad de derechos sin distingos de sexo, permanecía sin respuesta en virtud de arraigados prejuicios que mantenían a la mujer culturalmente sometida, socialmente oprimida y políticamente marginada de las decisiones que marcaban el rumbo de la nación. Demócrata, convencido de que era derecho y obligación de todos participar en la toma de decisiones que involucraban a la colectividad, Miguel Alemán sabía que su propósito de  impulsar la modernización de México requería de la iniciativa y la aportación de sus mujeres. Así lo manifestó ante miles de campesinas, obreras e integrantes de las clases populares, reunidas en  histórica convención el 27 de julio de 1945. Ahí declaró que a la mujer se le debía reconocer su esfuerzo y colaboración con el hombre y con el pueblo, en las causas del hogar y de la patria. Por ello se comprometió a lograr el reconocimiento de sus derechos políticos y en uno de sus primeros actos de gobierno, promovió ante el Congreso de la Unión, en diciembre de 1946, la reforma al artículo 115 constitucional, estableciendo la ciudadanía de las mujeres a nivel municipal, reforma aprobada por la Cámara de Diputados el 24 de ese mismo mes, e incorporada a la Constitución de la República el 12 de febrero de 1947. En la exposición de motivos destacó que las mujeres “hacen que su participación en las elecciones municipales represente un factor en la moralización del proceso electoral y en la administración del municipio”. La historia demuestra lo positivo del hecho que abrió los cauces para su legítima incorporación a la vida política e institucional del país,  que culminó con la  reforma al artículo 34 Constitucional el 17 de octubre 1953,  instituyendo el sufragio universal de las mexicanas.

*Asesora de la secretaria de Turismo federal.

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