Calladita, ¿me veo más bonita?

Es de particular importancia derribar esas ideas preconcebidas, esas frases que nos invitan a la pasividad.

Gloria  Alcocer Olmos*

Para mi mamá, quien me dio la mejor respuesta.

Una de las frases que más recuerdo desde mi infancia es “calladita te ves más bonita” y desde la infancia era una frase que me conflictuaba tremendamente, pues si de algo tenía ganas era de hablar. Después me fui dando cuenta del contexto en que la frase se usaba, generalmente cuando no era “conveniente” expresar tu punto de vista, pues los adultos estaban discutiendo cosas “de adultos” pero en su gran mayoría esos adultos eran hombres. Con los años me convertí en activista en defensa de los derechos de las juventudes, impulsando su participación política en espacios de incidencia y toma de decisiones; yo no me callaba pero la invitación al silencio era permanente, la frase se recontextualizaba ahora en espacios políticos, de debate, donde había que hacerse escuchar entre adultos pero también entre jóvenes, una vez más hombres en su mayoría. He de confesar que las pocas veces que decidí callarme no me volví más bonita, pero sí más alerta de que el silencio en el espacio político era una constante para las mujeres que ahí nos intentábamos manifestar, mujeres jóvenes que buscábamos (y seguimos buscando) hacer valer nuestros derechos, pero la primera batalla era conquistar el derecho a ser escuchadas, aun cuando eso nos hiciera ser “feas” frente a nuestros interlocutores.

Han sido múltiples los espacios de discusión y defensa de derechos en los que he tenido oportunidad de participar, espacios masculinizados donde somos pocas las mujeres, particularmente las mujeres jóvenes (el rango oficial a nivel federal que define a la juventud es de los 12 a los 29 años de edad), las que buscamos incidir y defender las agendas por las que hemos luchado varios años y es justo en esos andares que puedo confirmar que el derecho de las mujeres, las jóvenes en particular, a participar, a expresarse, a proponer pero sobre todo a ser escuchadas frente a lo que tenemos que decir es un espacio de ardua conquista, que parte de una cultura que nos señala que en ciertos contextos si hablas eres fea y el silencio es el cosmético ideal para aminorar las fallas.

Es de particular importancia derribar esas ideas preconcebidas, esas frases que nos invitan a la pasividad y que están arraigadas en el imaginario de millones de mujeres, que nos retumban y hacen que la voz no tiemble frente a una discusión de pareja, con la familia, los amigos o ante una tribuna. Yo he decidido ser “fea”, si la fealdad implica hacer escuchar mi voz y luchar para que la voz de las mujeres, las jóvenes en particular, sea escuchada en sus espacios íntimos, pero sobre todo en los públicos. Calladitas no nos vemos más bonitas y nuestro mejor cosmético no es el silencio, sino la satisfacción de quien es libre para expresarse en la diversidad de espacios en los que se desenvuelve.

                *Directora Ejecutiva

                Organización

                Fuerza Ciudadana, A.C.

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