Alacrán
A muy tierna edad vi la película clásica: Marcelino, pan y vino, en la que un alacrán pica al protagonista y cuya escena soy capaz de reproducir de memoria, sin temor a imprecisiones, porque ese día desarrollé fobia a los alacranes. La aracnofobia es un miedo ...
A muy tierna edad vi la película clásica: Marcelino, pan y vino, en la que un alacrán pica al protagonista y cuya escena soy capaz de reproducir de memoria, sin temor a imprecisiones, porque ese día desarrollé fobia a los alacranes. La aracnofobia es un miedo específico a los arácnidos (animales con cuatro pares de patas) y artrópodos (animales bilateralmente simétricos, segmentados, cubiertos por cutícula y apéndices de tenazas). De acuerdo con el sistema de clasificación de trastornos más aceptado por psicólogos y psiquiatras, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM-5), desde su más reciente versión (2013) se define la fobia específica como el miedo a objetos precisos en un grado desproporcionado al riesgo real planteado. En ediciones anteriores, el diagnóstico exigía que los fóbicos reconociéramos que nuestra ansiedad es excesiva o irracional. Yo no estoy de acuerdo con ninguna de estas definiciones. Me parece totalmente racional y proporcionado temerle a un animal que está rodeado de mitos aterradores (como el de que siempre andan en pareja), que tiene en la boca quelíceros (apéndices en forma de pinzas y algunas especies también dientes), dos tenazas, un exoesqueleto de armadura, un látigo con aguijón venido de atrás que inyecta veneno y con una autoconfianza tal que hasta se permite brillar en la oscuridad. Dice el refrán popular: “Dios no dio alas a los alacranes”, porque sólo eso nos faltaba. Pues bien, el domingo picó uno a mi hija menor de edad y esto es lo que aprendí: México es el país con mayor diversidad de alacranes (289 tipos), de los cuales sólo 14 se consideran tóxicos. Médicamente, a la picadura se le conoce como IPPA: Intoxicación por piquete de alacrán. México también es el país con más IPPA. Las entidades con mayor mortalidad por IPPA son Guerrero, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit (hábitat de la especie más letal, el Centruroides Noxius), Sinaloa y Zacatecas. Si se combinan mortalidad y morbilidad, el estado más “peligroso” es Jalisco. Los síntomas de la IPPA dependen de la toxicidad del alacrán. Si no es muy venenoso, los síntomas más generales son: dolor, enrojecimiento, hinchazón y adormecimiento del sitio corporal contiguo a la picadura; si es tóxico, se añaden secreción nasal, salivación, lagrimeo, ceguera temporal, fiebre y dificultad para respirar, principalmente. Se reconoce a los venenosos porque tienen el aguijón en forma de media luna, el segmento de la cola es más ovalado que cuadrado, las tenazas son alargadas y suelen tener un color más claro (“güeros”), con rayas oscuras en el cuerpo y la cola. El procedimiento recomendado para afrontar una picadura es: tratar de calmar a la persona afectada; no hacer torniquetes, sino elevar la extremidad, de ser posible; no succionar el veneno, sino lavar la zona con agua y jabón; no poner hielo, sino compresas de agua fría; no atrapar al alacrán, únicamente tomarle una foto y desecharlo lejos, y acudir a un centro médico. Aprendí que los peligros son dos: el inminente es padecer un choque anafiláctico por reacción alérgica, para lo cual se debe consultar al médico si aconseja tener en el botiquín algún medicamento de emergencia y, por supuesto, la intoxicación por veneno, para lo cual conviene identificar las clínicas y hospitales que cuentan con antídoto faboterápico antialacrán antes de necesitarlo. Seguramente se sorprenderá (como yo) cuando descubra que muy pocos hospitales cuentan con él, sobre todo si no se encuentran en zona de alto riesgo.
DOLOR
Dentro de las 10 picaduras más dolorosas de animales venenosos, el alacrán de corteza de Arizona ocupa el tercer puesto, detrás de la hormiga bala y la cubomedusa. El ornitorrinco, el décimo.
