El poder del saber y la diplomacia científica

Serhii Pohoreltsev

Serhii Pohoreltsev

Café de Kyiv

Cuando pensamos en la defensa de una nación bajo asedio, la mente colectiva suele evocar de inmediato las trincheras, los escudos tácticos y las estrategias militares en el frente. Sin embargo, existe otra línea de defensa igual de vital, silenciosa e implacable: las aulas universitarias, los laboratorios de investigación y los archivos históricos. La guerra de agresión no provocada que la Federación de Rusia perpetra contra Ucrania no busca únicamente la anexión ilegal de territorios, su objetivo subyacente más peligroso es el borrado total de nuestra identidad, la distorsión de la verdad histórica y la erradicación de nuestro capital intelectual. En este Café de Kyiv quiero invitarlos a reflexionar sobre la diplomacia científica y los esfuerzos globales para proteger el saber como un pilar inalienable de la libertad humana.

La escala de la destrucción material de la infraestructura educativa en Ucrania es desgarradora y constituye una violación flagrante al derecho internacional humanitario. Cientos de escuelas, centros de investigación y universidades venerables han sido dañados o reducidos a escombros por los ataques con misiles y drones. Instituciones históricas como la Universidad Nacional de Kharkiv o los centros de la Academia Nacional de Ciencias en Kyiv han visto sus laboratorios de punta devastados y sus bibliotecas centenarias consumidas por el fuego.

Sin embargo, el intelecto y la vocación científica no se rinden ante el plomo ni ante el terror. En condiciones extremas, bajo constantes apagones y el zumbido de las alarmas antiaéreas, la comunidad académica ucraniana ha protagonizado un milagro de resistencia civil. Hemos visto a profesores dictando cátedra a través de pantallas desde los andenes subterráneos del metro convertidos en refugios, a científicos protegiendo cultivos experimentales únicos en sótanos, y a archivistas digitalizando a contrarreloj documentos medievales para salvaguardarlos en la nube antes de que caiga el próximo misil. Esta resiliencia académica demuestra con creces que el conocimiento no es un elemento accesorio de la sociedad, sino una trinchera de seguridad nacional y la garantía de nuestro futuro.

Frente a este intento colonial de silenciar la voz de nuestro pueblo y reescribir la historia a conveniencia del agresor, ha surgido una respuesta internacional coordinada de la mayor trascendencia: la Coalición Global de Estudios Ucranianos (Global Coalition for Ukrainian Studies). Esta alianza estratégica —creada por iniciativa de la Fundación Presidencial para el Apoyo a la Educación, la Ciencia y el Deporte, el Instituto Ucraniano, la Oficina de la Plataforma de Crimea, el Ministerio de Educación y Ciencia, y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania— cuenta con el liderazgo y el respaldo de la primera dama de Ucrania, Olena Zelenska, quien funge como embajadora de la coalición. Su guía subraya el compromiso absoluto de nuestro Estado con la preservación intelectual y académica.

La misión de esta iniciativa no es únicamente operar como un escudo de resguardo de emergencia, busca una necesaria y urgente descolonización del conocimiento a nivel global. Durante décadas, los estudios sobre Europa del Este en muchas de las grandes universidades de Occidente estuvieron fuertemente influenciados por una narrativa “rusocéntrica”, que asimilaba o invisibilizaba las identidades, lenguas y procesos históricos de las naciones vecinas. La Coalición Global viene a corregir ese sesgo histórico. Al financiar cátedras independientes, promover la traducción de literatura ucraniana, abrir archivos y becar a investigadores, esta iniciativa permite que la milenaria historia de Ucrania sea enseñada y entendida en el mundo con su propia voz, desde sus propios méritos y rigor metodológico, y no a través del prisma distorsionado de los antiguos imperialismos.

México es una nación que comprende a la perfección el valor sagrado de esta lucha. Con una riquísima tradición universitaria y poseedor de instituciones autónomas de prestigio mundial que han sido históricamente faros de pensamiento crítico, México sabe que el aula es el espacio donde se defiende la verdad frente al dogma. Además, la historia mexicana es un testimonio vivo de cómo la ciencia y las humanidades florecen cuando se tiende la mano al perseguido, recordando la honrosa tradición solidaria de este país al cobijar a intelectuales y científicos en tiempos de crisis global. La libertad de cátedra y la preservación del saber son condiciones indispensables para el desarrollo de cualquier sociedad democrática. Fortalecer los lazos de diplomacia científica entre Ucrania y América Latina es la vía para construir una red de solidaridad intelectual que blinde la verdad frente a las campañas masivas de desinformación.

La historia de las civilizaciones nos ha enseñado una lección inmutable: los imperios y los regímenes totalitarios eventualmente caen, el hormigón de los edificios destruidos puede ser vuelto a levantar, pero las ideas, el pensamiento crítico y el conocimiento acumulado de un pueblo libre son absolutamente indestructibles. Al apoyar la investigación científica y el desarrollo académico, la comunidad internacional no sólo ayuda a Ucrania a resistir la oscuridad del presente, sino que siembra las semillas intelectuales, tecnológicas y humanas para la reconstrucción del mañana.

Al cerrar este Café, los invito a reflexionar sobre la invaluable labor de los maestros que no han soltado los libros, de los científicos que siguen innovando en la penumbra y de las universidades del mundo que abren sus aulas al saber ucraniano. Porque en la gran arena de la historia humana, el conocimiento siempre será la victoria más rotunda y duradera sobre la barbarie.

*Embajador de Ucrania en México