¿Se dan cuenta que a veces algunas palabras al repetirse crean una reacción contraria a lo que representan, incluso pueden provocar temor, rechazo y defensa negativa a raíz del significado práctico del concepto?
En un excelente artículo del Family Firm Institute, la doctora Meeks-Koch especialista en sistemas de organización en África, nos invita a reflexionar sobre un concepto clave en el manejo del sistema de las empresas familiares en general: la sucesión.
El tema es indispensable de abordar. No hay ninguna institución creada por los humanos que no tenga el dilema de su continuidad y renovación o, por el contrario y por múltiples causas, su decadencia y muerte por falta de una cabeza que la lleve a seguir operando al futuro.
La especialista nos informa que la palabra sucesión en sí misma provoca muchas reacciones, tanto abiertas como psicológicas y no planteadas.
Si a un dueño y fundador (o sus seguidores), muy complacido por su loable esfuerzo y dedicación, lo que ha resultado en un éxito empresarial y patrimonial, se le explica, muy racional y objetivamente que debe empezar o incluso terminar su labor y retirarse mediante la “sucesión”, lo que generalmente sucede es una reacción emocional, psicológica, y ¡muy humana!, de rechazo, temor al futuro y, obviamente, a su propia autovaloración. Esa “palabrita de sucesión”. Aunque muy técnica y lógica lo desequilibra y mete a él (ella) en un grave problema.
Su reacción externa es: “Es necesario empezar el proceso, la empresa lo requiere para continuar, hay gente capaz para sucederme y además ya debo buscar nuevos horizontes”. Pero… internamente piensa (y a veces no lo expresa plenamente) que éste es un paso final a la desaparición física, a dejar de tener el orgullo de su éxito empresarial y de ser honrado en la comunidad, va a pasar a ser un viejito achacoso, malhumorado y desanimado por la vida. Y todo eso por la dichosa palabra “sucesión”.
En mi experiencia he visto múltiples casos de gente inteligente, exitosa (o no) que se aferra a su posición en la empresa y su entorno y provoca lo que yo llamo un “coagulo” en su negocio. La sangre nueva no se filtra y se pierde capital humano, la mente se anquilosa, no planean nuevas acciones y estrategias y se vuelve esto un negocio liderado por alguien en su torre de marfil, con consecuencias dolorosas y a veces la ruina del negocio… y su patrimonio personal.
¿Qué propone la doctora? En primer lugar quitar el concepto de “sucesión” de nuestro vocabulario y tratar este proceso vital como una transición en la que todos participan con el objetivo de crecer y sobrevivir, sin tantos elementos psicológicos.
En el caso de los emprendedores fundadores, en múltiples seminarios y asesorías les propongo un proceso de retiro productivo, donde su fuerza, espíritu y deseos personales se vayan canalizando a otros proyectos que lo apasionen, que gocen a su familia, cuide su salud y patrimonio y en general que se sienta una persona realizada y activa física y mentalmente. El negocio familiar que lo siga de cerca, pero deje que las operaciones las hagan personas capacitadas, leales y motivadas.
No es un proceso fácil el ver próxima su mortalidad, su deterioro de fuerzas y salud y la falta de objetivos, pero la transición (no sucesión) debe hacerse integralmente y lo más importante es que nuestra vida deje huella y relevancia.
Piensen seriamente este concepto y si gustan me hablan al whatsapp 5255 19929283 o escríbanme a: gzsalo@gmail.com
