Las sociedades, gobiernos e instituciones de todo tipo, escuelas, hospitales, aeropuertos y por supuesto los negocios requieren de reglamentos claros, entendibles por todos los involucrados y que les permitan actuar en forma coordinada. ¿Se imaginan un aeropuerto donde la torre de control no se rigiera por un reglamento estricto y los que la operan empezaran cada quien por su lado a dar instrucciones de aterrizaje y salida a los aviones? Aparte del caos que se generaría es muy posible que se ocasione un accidente y muchos inocentes resulten víctimas. Otro ejemplo aún más claro es nuestro sistema solar. Todos los planetas se mantienen en órbitas determinadas, girando en forma coordinada por leyes como la de la atracción de los cuerpos, pero nadie se sale de este camino, ya que sería catastrófico (imagínese que la Tierra se acercara más a otro planeta o al Sol, ¡qué achicharrada o congelada nos daríamos!).
Pues bien, para que haya futuro en muchas empresas tanto familiares como no familiares deben asentarse los preceptos claros que las rijan. En primer lugar, su papel ante la sociedad y por eso hay leyes de todo tipo y hay que cumplirlas, nos gusten o no. Pagar impuestos es vital para una buena sociedad, así como proteger a nuestros empleados, darles seguridad y no contaminar nuestro ya degradado ambiente.
Por otro lado, está la tan cacareada ley de la oferta y la demanda que nos recuerda que para que se pueda vender un producto o servicio debe haber alguien que lo necesite y que esté dispuesto a pagar cierto precio por obtenerlo. A veces, aunque sea necesario éste no se vende porque a la gente no le alcanza y al bajar un poco el tope de precios a la mejor ya haya clientes. Pero esto también tiene un límite:
Una regla inexorable es la de que, si no se obtienen recursos adecuados de la venta de ese producto o servicio cobrándolos y usándolos para pagar lo que se debe, así como para mantener razonablemente contentos al fisco, los bancos que nos prestaron y a nuestros accionistas, tarde o temprano esa empresa fracasará por falta de recursos y no hay milagro que la haga revivir.
Otra regla que parece dedicada a la macrocrisis que se está dando en el mundo a la fecha (y que nos puede contagiar a nosotros) es la de que nadie puede vivir permanentemente por arriba de sus posibilidades. Los “candiles” de la calle tarde o temprano dejan de alumbrar.
Ya dentro de la empresa familiar veo muy importante el fijar reglas de gobernabilidad y de separación entre lo que significan los sistemas de la familia dueña, de los ejecutivos que la manejan, sean estos familiares o no, y la esencia misma de la empresa que es la de crecer sanamente, dar beneficios económicos a sus dueños y aumentar en su valor a largo plazo. Parece fácil, pero en verdad hay bastantes obstáculos que se presentan porque los involucrados en el negocio no conocen o en último caso se ven por encima de las reglas fijadas por su condición de accionistas o dueños y esto es un problema que se vuelve crítico.
El lobo no viene, ¡ya llegó! y es indispensable que se elaboren códigos de gobernabilidad para su negocio y familia. Esos son los protocolos, los consejos de administración, proyectos patrimoniales y, claro está, la capacitación a todos los niveles para que haya una administración más profesional adaptable a los cambios. La inteligencia artificial está acechando al mundo y debemos estar preparados. Les recomiendo adquieran nuestros videos de seminarios que ayudan a manejar sus negocios familiares.
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