Asuntos de herencias (fin de serie)

Salo Grabinsky

Salo Grabinsky

Del verbo emprender

Continuamos con esta “saga familiar” que, aunque es ficticia, le puede resultar conocida a algunos de mis lectores. Es por eso que se las presento.

Hubo una subasta interna de los bienes del señor y así resultó todo:

En esa ocasión, la cuñada se metió a pujar por la mesa la cual compró en 110 mil libras más la comisión de la casa subastadora, la hermana se quedó con el cuadro de Turner por 10 mil libras, el sobrino llegó tarde y no adquirió nada, porque no tenía dinero y el ama de llaves se llevó como recuerdo el cuadro del hijo fallecido por 50 libras. Terminó el evento, pero no acabó el melodrama.

Al día siguiente llegó la cuñada toda acongojada diciendo que se había ofuscado y no tenía el dinero para comprar la mesa y mucho menos la comisión de la casa de subasta.  La hermana tenía un problema similar y tampoco podía adquirir el cuadro. Ambas le pedían que él pagara los adeudos de la subasta de lo que obtuviera por la venta de la casa y quitarles el problema. 

El señor accedió, pero con ciertas condiciones: a la cuñada le pidió a cambio las acciones de la ferretería y a la hermana le pidió quedarse con su coche nuevo y además le sugirió que aprendiera a usar el eficiente sistema inglés de transporte para desplazarse. 

El juego de ajedrez lo compró una persona desconocida en unos cientos de libras cuando en realidad era lo más valioso de su mobiliario (más de 250 mil libras) y en cambio el cuadro de Turner, aunque era real, no era del famoso pintor, sino de un oscuro artista del mismo apellido y su valor era mucho menor que las 10 mil libras que tuvo que pagar la hermana.

En verdad es muy entretenido y original este relato de Archer, porque toca algunos rasgos de los seres humanos, con la típica ironía y flema británicas.

Seguimos con el final.

Conclusiones: el señor le regaló a su sobrino las acciones de la ferretería de sus padres, a su ama de llaves le regaló el coche nuevo de su hermana y además cambió radicalmente su testamento. El cuadro de su hijo ya se lo había regresado desde antes el ama de llaves, ya que para el padre tenerlo era muy importante. Sorprendentemente, el juego de ajedrez también regresó a sus manos como un regalo de ¡su hermano!, quien lo había mandado comprar en secreto y se lo mandó como una muestra de su agradecimiento por lo que había hecho por su familia. 

Este simpático relato, tiene como moraleja y ejemplo de que “caras vemos, corazones no sabemos”.

Hay que planear las herencias con cariño y objetividad ya que lo que más importa son los valores, educación y principios de nuestra gente y no los bienes que pueden causar tantos conflictos. 

Muchas empresas familiares crecen y ponen las reglas y estructuras necesarias para profesionalizar todo el proceso, lo que es muy saludable y efectivo. Sin embargo, el abordar la transición patrimonial y testamentaria adquiere una importancia radical, sobre todo porque no se racionalizan sus consecuencias cuando el fundador o sus descendientes lo elaboran con descuido o enojo y así se acaban muchos negocios y familias. Hay que saber conectar el corazón (y a veces el hígado) con el cerebro para ver las repercusiones que puedan resultar de una mala decisión. No es fácil, pero es indispensable.

¡Ahí los dejo para que reflexionen sobre esta historia ficticia, pero con mucho fondo!

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