Con lo agitado que está el mundo actualmente y, además con el enorme crecimiento que han experimentado los capitales y el patrimonio en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y que en la actualidad leemos y escuchamos sobre los inauditos conceptos de fortunas ¡trillonarias y billonarias!, las cuales se contrastan con las de miles de millones de personas viviendo en medio de una pobreza lacerante. Explorando mis archivos de hace varias décadas encontré este relato, que tiene moraleja y vale la pena leer.
Como he platicado constantemente, los negocios familiares son manejados dentro de un sistema de relojería que debe ser coordinado y analizado constantemente para evitar problemas, conflictos entre las partes, decisiones equivocadas y sobre todo cuidando siempre los pasos a seguir en cuanto a la transferencia de los patrimonios que se generan.
Este último punto es muy relevante porque cierra un ciclo del emprendedor y se abre otro con sus herederos y sucesores.
Un relato de Jeffrey Archer, escritor inglés que, aunque ficticio es muy entretenido me gustó y quiero platicárselos:
Un señor retirado inglés de alta posición, viudo y sin hijos (su único hijo murió joven) se encuentra con su abogado y le plantea una idea novedosa:
“Pienso hacer mi testamento y tengo la curiosidad de explorar que es lo que piensan mis herederos potenciales que son: un hermano casado, una hermana soltera, mi único sobrino estudiante y mi fiel ama de llaves acerca de lo que les pudiera tocar.
“Quiero hacerles una prueba, aun estando en vida y estas son mis instrucciones:
“Haz una carta notificándoles que estoy arruinado y ya no tengo bienes, por lo que pienso vender mi casa, muebles y antigüedades etcétera, para pagar mis adeudos. De paso diles que si pueden ser tan amables de ayudarme económicamente, pagando los adeudos de los préstamos que les he hecho constantemente”.
Al día siguiente llegó el hermano con su esposa, la cual estaba muy enojada y le dicen que no tienen para pagarle las 100 mil libras que les prestó para que adquirieran una ferretería, ya que ésta casi no dejaba utilidades.
Después llegó la hermana, también molesta y le informa que usó las 10 mil libras que le prestó para comprar un coche nuevo y tampoco puede pagarle. Su sobrino le habló para darle todo su apoyo y le dijo que iba a trabajar para pagarle a plazos las mil libras que le prestó para entrar en la universidad. Finalmente, el ama de llaves vendió su coche viejo para pagarle las 500 libras que le debía, aunque se quedó sin empleo, pero siguió yendo a su casa a darle una limpiadita gratis.
En esa visita todos vieron objetos que les interesaban: una mesa valuada en 100 mil libras, un cuadro del pintor Turner y el retrato del hijo fallecido, así como un juego de ajedrez que el dueño les informó que no debía valer más de 250 libras. Como es obvio, ni la cuñada ni la hermana se ofrecieron a darle alojamiento con diversos pretextos y lo regañaron por ser tan descuidado con su patrimonio. Posteriormente el señor citó a su familia y les dijo que una casa de subastas públicas iba a vender, con su respectiva comisión, sus muebles y otros objetos de valor, pero que como deferencia a sus seres queridos, iba a dejarlos pujar entre ellos por un solo objeto cada uno, en una sesión privada previa.
No dejen de leer este relato la semana próxima. Continuará...
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