Sin video ¿habría justicia?

La violencia de género comunica dominio,  

posesión, castigo o restauración de jerarquía.

Rita Segato

Víctor Rodrígez Padilla, exdirector de Pemex, golpeó con saña a su esposa María Felicia Jiménez, no hay ninguna duda. La certeza no se deriva de las declaraciones de la víctima, sino de un video que muestra los hechos. No obstante, desde la opinión de su abogado defensor, “el morbo social” y “el linchamiento mediático”  fueron los factores que motivaron que le dictaran prisión preventiva a su cliente, no el acto violento.  

Lamentablemente, tiene 50% de razón lo que dice el abogado porque, si no hubiera video, lo más probable es que no hubiera ningún castigo en contra del agresor. Morelos, entidad en donde se dieron los hechos, es emblemática respecto a la violencia contra las mujeres y la impunidad que prevalece. Incluso, el  exgobernador Cuauhtémoc Blanco carga en sus espaldas con una terrible denuncia de agresión sexual de su propia media hermana, pero fueron los diputados de Morena los que impidieron que se concluyera el proceso jurídico ¿Qué pasaría si hubiera un video de esos hechos?

Así que no, ni morbo ni estigmatización contra los hombres, estos dos casos son sólo dos granitos de arena, porque los datos duros nos demuestran que la violencia de todo tipo es la realidad cotidiana que viven miles de mujeres en México, en su propio hogar. En 10 años, las denuncias por violencia familiar se duplicaron: de 127 mil 424 en 2015, a 266 mil 760 en 2025; y, entre enero y mayo de 2026 ya suman 113 mil 294, con una tendencia de aumentos progresivos en enero, marzo, abril y mayo que cerró con 25 mil 470 denuncias (Informe del SESNSP). Ciertamente, en ese mismo informe, las denuncias de feminicidios bajaron, pero crecieron las  lesiones dolosas contra las mujeres: 80 mil 523 víctimas en 2025, y 34 mil 543 de enero a mayo de 2026. El mismo crecimiento exponencial se reflejó en  las llamadas telefónicas en los 5 meses: 230 mil 015 sobre  violencia familiar; 114 mil 943, de violencia contra la mujer; y, 104 mil 132, de violencia de pareja.

Si verdaderamente se quiere erradicar la violencia de género, es imprescindible  dimensionar el significado de todos estos datos porque, tal y como se observa, bajaron los feminicidios, pero creció la violencia de alto impacto contra las mujeres, incluso, las desapariciones forzadas. Esto es preocupante porque, precisamente, la antesala del feminicidio suele ser este tipo de violencias que, primero, se manifiestan en el hogar con control, humillación, amenazas, aislamiento, golpes, violencia económica y lesiones que pocas veces se denuncian porque es el espacio “privado”, tal y como se observó en el caso de Rodríguez Padilla, el cual fue dado a conocer muchos meses después de haber sucedido las acciones violentas. 

Pero este caso no sólo sorprende por el hecho de violencia, sino porque el agresor es una persona funcional en la vida pública, con alto grado de estudios y con prestigio social, entonces, quizás, si no hubiera video, las personas que han convivido con él en otros espacios fuera del hogar, no  hubieran creído que en la vida privada es muy violento. Esto tiene una explicación desde la teoría sociológica y cultural: la violencia de género no nace sólo de un temperamento individual, sino de una estructura que durante siglos les enseñó a los hombres que la casa es su territorio, que la pareja les pertenece, que su autoridad no se discute y que la mujer debe obedecer, cuidar, callar y soportar. 

Si a esto se le suma la impunidad y la falta de respuesta temprana de las instituciones, se agrava el problema. Es decir, si las mujeres denuncian y no son protegidas, si la violencia económica no se atiende, si las medidas de protección no se cumplen, si la justicia llega tarde o nunca llega, el mensaje para el agresor es que puede seguir haciendo lo mismo, una y otra vez, porque ser masculino implica ser hegemónico, pero para ser hegemónico no puede perder el control ni la autoridad sobre quienes él considera que son de su propiedad.