Bullying letal
Seis de cada 10 niños sufrieron todos los días algún tipo de acoso y ciberacoso, de acuerdo con ONG Bullying sin Fronteras.
Fátima tiene la pelvis rota, igual que sus sueños de adolescente, porque el daño que sufrió puede ser irreversible y puede tener dificultades para caminar, pero, afortunadamente, está viva, aunque miles de jóvenes han muerto por la misma violencia que ella enfrentó.
En 2023, la Secretaría de Salud informó que fueron atendidas en los hospitales del país 943 personas de uno a 17 años por violencia física en las escuelas, 67.6% tenían entre 12 a 17 años; 35.9% fueron mujeres (Registros de lesiones 2010-2023). Sin embargo, estos datos sólo corresponden a aquellos casos graves que requerían atención médica, porque son miles los relacionados con el acoso o violencia escolar conocida popularmente como bullying.
La palabra bullying tiene su origen en las palabras bull o bully, traducidas como “toro” o como “intimidar” o “abusar”. Se conoce que fue en la década de los 70 cuando el psicólogo noruego Dan Olweus realizó la primera investigación sistemática sobre el acoso escolar, cuando estaba analizando algunos casos de suicidios de adolescentes. A partir de sus hallazgos, al bullying se le relaciona con una actitud de violencia intencional que se aprende de la observación e imitación, es decir, se presume que se origina del aprendizaje social de la violencia y el maltrato. El victimario también podría estar siendo víctima o testigo en otros entornos fuera de la escuela. A partir de este enfoque, se puede deducir que, en sociedades con altos índices de violencia y discriminación, hay mayores posibilidades de que el bullying se manifieste de forma creciente.
Concretamente, el bullying se refiere a la violencia que padece un estudiante, y puede ser perpetrada por uno o varios de sus propios compañeros, docentes u otras personas de la comunidad escolar. Para la Unesco, este fenómeno no se produce sólo entre las paredes del edificio escolar, sino que se refiere a todas las formas de violencia que puede suceder dentro o fuera de las aulas, en los alrededores de las escuelas, en el camino hacia o desde la escuela, así como en línea y otros entornos digitales, es decir, el ciberbullying. El principal efecto en la víctima es la disminución de su autoestima, pero puede impactar en estados de ánimo de ansiedad, depresión, autoagresión, incluso, tal y como lo descubrió Olweus, conducir al suicidio.
En México, el bullying es un problema grave y creciente, para dimensionar su impacto, la UNAM publicó en su Gaceta de mayo de 2023, los resultados de una investigación que realizó la ONG Bullying sin Fronteras, para América, Europa, Asia, Oceanía y África, sobre casos de bullying en el mundo, en el periodo de enero de 2021 a febrero de 2022. Entre los principales hallazgos se encontró que, seis de cada 10 niños sufrieron todos los días algún tipo de acoso y ciberacoso; que esta práctica fue causante directa de más de 200 mil fallecimientos cada año, por homicidio o por inducción al suicidio y, México fue el país con mayor número de casos graves de bullying y ciberbullying: 180 mil (siete de cada 10 niños y adolescentes lo sufren). El segundo y tercer lugar lo tuvieron EU y China, respectivamente.
Por la relación que existe entre el bullying y ciberbullying con la baja autoestima, desesperanza, angustia, desaliento, desánimo, abatimiento, pesimismo, impotencia, desesperación, exasperación, impaciencia, enojo, vergüenza, desamparo, aislamiento, soledad, desprecio, intimidación, presión y estado de alerta de las víctimas, es plausible que su alta incidencia en México, se encuentre relacionada con el fenómeno del incremento de suicidios de niños y adolescentes de entre 10 y 17 años, que de 2020 a 2023, se duplicaron (un total de 727, de los cuales, 312 fueron mujeres y 415 hombres).
Sin embargo, el problema mayor no es el bullying en sí, sino su origen, porque si éste es el resultado de la imitación de un aprendizaje social, México es líder en diversos tipos de violencias (homicida, feminicida y desapariciones forzadas) en América Latina y América del Norte, y por lo que se ve, no hay una política con visión de Estado para enfrentarla.
