En su intervención ante la cumbre ministerial de innovación del G20, Elon Musk dijo que, de acuerdo con sus cálculos, la inteligencia artificial hará crecer la economía global entre 20 y 30 por ciento. Musk no citó su metodología y parece resultado de alguna matemática de servilleta e intuición, pero, más allá de la cifra exacta, direccionalmente puede estar en lo correcto. Sin embargo, incluso repartiendo dicho ritmo de crecimiento en una década, implica duplicar el ritmo económico global y ello va a generar mucho estrés y puede romper algunas cosas.
CIBERSEGURIDAD
Lo primero que se va a romper es el entorno de ciberseguridad. Hay un antes y un después del ataque a Hugging Face por parte de los agentes de OpenAI. Los reportes forenses publicados la semana pasada por OpenAI, así como METR y Redwood Research, revelan un grado de coordinación mucho más sofisticado del que se había reportado. Documentan objetivos muy divergentes de los que se les habían planteado, intentos de encubrimiento ante los evaluadores y elementos de individualidad sorprendentes. Un hallazgo significativo es que el comportamiento de los agentes se heredó entre generaciones de modelos. Las consecuencias son profundas, dado que es cuestión de tiempo para que estas capacidades lleguen a los modelos abiertos, y porque cada mes emerge, al menos, un nuevo modelo de frontera. Mientras tanto, muchos directores de seguridad de la información apenas están lidiando con los perímetros de seguridad de los agentes de inteligencia artificial más convencionales y con los lugares comunes de phishing, etcétera.
EL VOCHO VELOZ
La metáfora que puede ilustrar a lo que me refiero es la de un aficionado que quiere que su vocho corra como un Porsche. Le cambia los inyectores y se le rompe la banda. Cambia la banda y se rompen los pistones. Cambia los pistones y necesita un escape más potente. Cuando finalmente lo logra, la estructura del auto muestra sus límites y se ve obligado a transformar la estructura y de aquel vocho no queda más que el cascarón. Acelerar la economía como se plantea va a romper varias de sus partes.
ESTRÉS FINANCIERO
Las grandes compañías de tecnología se encuentran en una carrera frenética en la que no se pueden dar el lujo de no participar. La forma de participar es asegurar infraestructura de cómputo para los próximos 12 o 24 meses, lo que implica un gasto de capital acelerado. Los cinco mayores hyperscalers proyectan una inversión de 1.3 billones para 2027, lo que no sólo implica procesadores de IA, chips de memoria, cable, transformadores, subestaciones, acero, concreto y energía eléctrica. Ese gasto está absorbiendo el flujo de caja y algunos ya recurrieron a la deuda. La demanda existe: Nvidia reportó en su segundo trimestre un avance de 106% en ingresos y de 126% en utilidades netas. Para que la demanda continúe, las empresas no tecnológicas tendrán que rentabilizar lo que compran y, hasta ahora, la evidencia es confusa considerando los reportes del segundo trimestre.
ESTRÉS POLÍTICO
En Estados Unidos, la inteligencia artificial se está convirtiendo en un tema político. Nueva York congeló por un año los permisos para centros de datos y ya van cientos de moratorias de condados en 32 estados de todo el país. Eric Schmidt fue abucheado por los graduados de la Universidad de Arizona cuando les dijo que les tocaba darle forma a la inteligencia artificial en lugar de temerle. Además, en julio, un dron ruso utilizó componentes de inteligencia artificial de Nvidia para elegir por su cuenta su blanco y mató a tres civiles en Ucrania. Antes de que la economía global pueda duplicar su ritmo de crecimiento, muchas cosas se van a romper. En México estamos lidiando con que se rompen cosas más clásicas como trenes recién construidos, refinerías recién inauguradas y rotura sobre rotura en carreteras, calles e infraestructura en general, como lo reflejan los apagones.
