Hay empresarios y hay bisneros. Los primeros crean valor desde la empresa para la sociedad, sosteniéndola con la rentabilidad; los segundos buscan maximizar sus ganancias en el corto plazo mediante cualquier estratagema. El líder de la FIFA, Gianni Infantino, es un bisnero.
A quienes estábamos en la inauguración del Mundial en la Ciudad de México, en el estadio al que persistentemente le llamamos Azteca, nos sorprendió y confundió la pausa de hidratación, donde nos recetaron comerciales de Powerade en las pantallas del estadio, y quienes vieron la transmisión por televisión tuvieron casi tres minutos de comerciales. De acuerdo con Sportico, tan sólo en Estados Unidos la cadena FOX podría obtener hasta 250 millones de dólares en ingresos publicitarios durante las pausas de hidratación a lo largo del torneo. La pausa de hidratación forma parte de una serie de conductas bisneras por parte de la FIFA, que claramente le permitirán a la organización avanzar hacia su objetivo de lograr ingresos de 13 mil millones de dólares en el ciclo 2023-2026, y a su presidente, Gianni Infantino, cobrar su bono por haber logrado el objetivo.
PRODUCTO INELÁSTICO
Al final hay cierta inelasticidad de la demanda de futbol. Es decir, aunque el precio aumente, las personas lo van a seguir consumiendo. El futbol mexicano es prueba de ello: desde hace décadas ha sido mediocre. Cuando era niño llegó a entusiasmarme, pero pronto fue obvio que la estructura y el mecanismo del deporte no estaban orientados a que emergiera el mejor talento. Tiene, además, una distorsión por el dominio televisivo, los padrinazgos y la corrupción. Eso me alejó como potencial aficionado. Aun así, en órdenes de magnitud, es el deporte más popular y más rentable de México. Pese a ello, comparado con otras ligas está muy lejos de la excelencia. Eso se refleja en el desempeño de la selección y en que no se exporta tanto talento relativo al tamaño financiero de la liga.
ZALAMERÍA
El problema es que la FIFA en 2026 no sólo refleja su voracidad económica en los precios de los boletos. De acuerdo con el sitio de reventa Live Football Tickets, las entradas de fase de grupos para este Mundial se cotizan 2.4 veces más caras que las de Qatar, a lo que se suman los ingresos por las pausas de hidratación y el cobro por los derechos de transmisión. La voracidad también es política. El futbol no sólo es un gran negocio, también es poder, por la popularidad que concita, y eso lo vuelve apetecible para el poder político. Por eso los presidentes de la FIFA siempre han tenido una relación cercana con el poder. Sin embargo, Infantino lo llevó al extremo con su zalamería hacia Donald Trump: le inventó un premio de la paz y permitió que Estados Unidos negara visas a la delegación iraní e impusiera severas restricciones de viaje a su selección. Infantino llegó al liderazgo de la FIFA al aprovechar la oportunidad que abrió la caída de su antecesor, Sepp Blatter, por corrupción, escándalo que también arrastró a Michel Platini, el probable sucesor. No obstante, el nuevo líder ha resultado más eficaz en la gestión y la rentabilidad, pero sin duda no es una mejora para el aficionado. El liderazgo del futbol se sigue moviendo bajo la lógica de un bisnero.
