Por años, en América Latina hemos visto grandes campañas mediáticas en contra de los perfiles que encabezan algunos de los movimientos sociales y populares de quienes buscan sociedades menos desiguales y más justas, y que se oponen al entreguismo de sus recursos naturales en favor de empresas extranjeras; en México lo hemos visto desde el 2006 en contra de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando se orquestó el mensaje masivo vía prensa escrita, radio y televisión, de que el entonces candidato era “un peligro para México", vinculándolo con Fidel en Cuba o Chávez en Venezuela.
La campaña en contra de López Obrador, diseñada por Dick Morris y Antonio Solá, y ejecutada por Max Cortázar, actual coordinador general de Comunicación de la campaña presidencial de la empresaria de la industria de la grenetina, Xóchitl Gálvez, se ha replicado sexenio tras sexenio no solamente a nivel nacional, sino también en cada una de las entidades donde gobierna o gobernó la oposición.
En México, desde el 13 de abril de 2007, entró en vigor la despenalización respecto a los delitos contra el honor, como la difamación, calumnia e injurias. A nivel nacional, solamente son 4 las entidades que mantienen vigente en sus códigos penales dicha tipificación.
A nivel internacional, las sentencias y jurisprudencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos prácticamente han blindado a los periodistas y medios de comunicación para que estas “campañas negras” no generen responsabilidades en quienes las diseñan y ejecutan, beneficiando así a quienes tienen el control de la información, que en países latinoamericanos suelen estar del lado de los intereses de la derecha conservadora.
En Tamaulipas y Michoacán, con los exgobernadores Francisco García Cabeza de Vaca y Silvano Aureoles, respectivamente, se financió con estratosféricas cantidades de dinero a medios de información estatales y nacionales para golpear al gobierno de la Cuarta Transformación. En estos casos, se utilizan agencias de medios donde sus asociados han sido parte directiva de las áreas de comunicación social gubernamental, por lo que tienen experiencia y relación con dueños de medios y periodistas.
Se gastan millonarias cantidades en campañas negras. En 2006, 2012 y todo lo que va del sexenio, Andrés Manuel López Obrador ha tenido que lidiar con ello; ahora, con la infame portada de la revista Siempre, dirigida actualmente por Beatriz Pagés, personaje vinculado completamente con la derecha conservadora, vemos cómo quieren hacer lo mismo con la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, de una manera burda, relacionándola con símbolos nazis.
Para concluir esta columna, les dejo una breve y penosa historia: corría el año 2012 cuando, en mi oficina de la ahora conocida como Junta de Coordinación Política de la entonces Asamblea Legislativa del Distrito Federal, me pidieron recibir a una señora visiblemente afectada de su salud mental. Me externó que había salido de una crisis que la había llevado a tomar el camino del suicidio, al saber eso, me hice acompañar de otras dos personas a manera de testigos presenciales; me refirió su decisión de quitarse la vida y que se había metido a un armario para ingerir una gran cantidad de medicamento psiquiátrico y que, justo antes de consumirlas, su perro de compañía ingresó a donde estaba ella y de un brinco le tiró las pastillas, evitando con ello la lamentable consecuencia, por lo que, a partir de allí, había dedicado su vida a la defensa de los “perros héroes” y me veía para someter a consideración a las y los diputados una iniciativa de ley en ese sentido. Esa mujer fue Elena Chávez, la ahora utilizada “escritora” por parte de la derecha conservadora del país para publicar fantasías alucinantes que ni el mismo Julio Verne hubiera imaginado.
