Las organizaciones sociales y políticas en México

El sentido de pertenencia a una organización, sea cual fuere su objeto, debe dársele toda la importancia.

El artículo noveno de la Constitución Política contiene el derecho a la libertad de reunión y de asociación, así como los límites al mismo. En un régimen democrático se considera un elemento primordial de la libertad porque incluso se promueve la participación ciudadana en todos los ámbitos de la vida nacional.

La sociedad civil en la historia de México ha sido el gran actor que construye estructura social, electoral y política en cada rincón del país; es menester fomentar y facilitar como forma de convivencia natural todas las actividades tendientes al fortalecimiento de la cultura de la legalidad, las distintas formas de expresión ideológica y la inclusión de todos los actores que aporten experiencia, capacidad técnica o profesional, cultura y todo lo que favorezca a la construcción de ciudadanía.

Las organizaciones sociales que emanan de la necesidad y respuesta a un sentido filantrópico y altruista deben ser ejemplares conforme a los principios de fraternidad y atendiendo a diversos fenómenos que afectan históricamente a la sociedad mexicana, como la equidad legal, el acceso a la educación y a la salud, el combate a la pobreza, los efectos de la contaminación al medio ambiente, la inseguridad, el derecho al trabajo digno, la participación en la actividad electoral y muchas otras más referidas en el párrafo VIII del artículo 25 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, aunque éste último se refiere más a la Ley de Economía Social y Solidaria, reglamentaria de dicho texto.

“Un país parte de un nombre y una bandera, y luego se convierte en ellos, así como un hombre su destino”, Goethe. Una bandera genera identidad, describe a un grupo de personas que se identifican con valores y éstos están representados y unificados en un logo y unos colores, cuando menos, se puede ver con los aficionados a los equipos de futbol en cualquier parte del mundo, pero también con los militantes de las distintas organizaciones políticas. Y, evidentemente, con los símbolos patrios, con las banderas nacionales de cada país.

Así como se fue construyendo el mundo civilizado, se reclutaron a sus miembros una vez que estuvieron constituidas las primeras formas de sociedades desde las épocas más tempranas de la humanidad; la identidad que se tiene con la historia y la lucha entre los integrantes de un grupo forma parte intrínseca de los valores de toda escena política; uno de los ejemplos de alta inspiración han sido las distintas incursiones bélicas del mundo, el uso de la bandera nazi causó para un bando admiración y, para el otro, terror: “Un emblema llamativo puede ser el primer paso para despertar interés en un movimiento”, así lo expresó Hitler en su autobiografía Mein Kampf.

Más allá de los fanatismos y extralimitaciones ideológicas, que como en el caso nazi terminaron rayando en el fascismo, es un ejemplo que estuvo a punto de cambiar para mal la historia de la humanidad. De ese tamaño la importancia de todas las organizaciones. El sentido de pertenencia a una organización, sea cual fuere su objeto, debe dársele toda la importancia en tiempos donde la suma de voluntades es de altísima prioridad, sobre todo en la condición mexicana, siempre en histórica ebullición y con la tremenda diversidad y pluralidad que existe entre el norte y el sur, el golfo y el Pacífico.

Es loable, necesario y de educación básica que en la operación política se guarde como un bien preciado el oficio y la cortesía de quienes aportan a la construcción democrática, las elecciones se ganan con estructuras reales, comprometidas y principalmente leales, después de ello, cuando las campañas terminan, las organizaciones continúan. En nuestro país y en el mundo es una receta infalible para la unidad.

Temas: