Debate y encuesta presidencial
El buen uso del lenguaje fue común y necesario en las ciudades de la antigua Grecia, desde entonces existieron normatividades donde se otorgaban ciertos minutos para cada una de las intervenciones. Introducción, argumentación, refutación, preparación de cierre y ...
El buen uso del lenguaje fue común y necesario en las ciudades de la antigua Grecia, desde entonces existieron normatividades donde se otorgaban ciertos minutos para cada una de las intervenciones. Introducción, argumentación, refutación, preparación de cierre y conclusión.
Son memorables aquellos debates en los que los antiguos griegos utilizaban el don de la oratoria y la retórica, así surgieron las formas de participación democrática en asambleas donde se llevaban temas políticos, económicos y culturales, así se fortalecía la democracia y la propia tragedia griega.
En la formación profesional, principalmente en la abogacía, existe una vocación natural para la oratoria, miles de jóvenes, estudiantes de derecho principalmente, la practican como una materia optativa, ahora no solamente es necesaria, sino que es la principal arma al momento de defender una postura jurídica en los juicios que, en la mayoría de las materias, son orales.
El arte de persuadir tiene que ver con el dominio de la oratoria, no está sujeto a ninguna profesión; primordialmente la ecuanimidad, la elocuencia, pero, sobre todo, la capacidad de dar un posicionamiento político y convertirlo en argumentación requiere de gran práctica y la adquisición de técnicas que van desde los sofistas hasta nuestros días.
Persuadir es dejar un legado con la transmisión de un mensaje, abatir las resistencias psicológicas de una audiencia y, sobre todo, mantener la absoluta atención de los oyentes. Protágoras se considera el padre del debate, un gran maestro que atrajo a cientos de alumnos por las reglas de sistematización que posteriormente se transformaron en legislación.
Un buen orador decide qué quiere comunicar, ordena los insumos para soportarlo, planea la elocución, de preferencia memoriza su discurso y, sobre todo, se convierte en un actor donde la gesticulación, la entonación y su personalidad pueden llevarlo a brillar o a dar por terminada cualquier aspiración. La palabra es un arte. Leer un texto cualquiera lo hace.
Los debates, como parte de nuestra democracia, muestran también a la persona en un ámbito de alta presión social, donde se somete su inteligencia y capacidad de improvisación en un acto de gran utilidad para sumar simpatizantes o para entender que una derrota se avecina.
Existen en la historia del mundo debates memorables como el de Kennedy contra Nixon, más recientemente entre Donald Trump y Hillary Clinton, donde frases triviales fueron detonantes para el triunfo electoral; más allá de una encuesta, puede ser la celebración de un nacimiento o la tristeza de una sepultura política.
En nuestro país se recuerdan debates presidenciales, regulados por el entonces IFE, donde participaron candidatos de todos los partidos políticos; sin duda, llenos de morbo, pero poca sustancia y mucho menos cercanos a los grandes debates históricos recordados en la historia de la humanidad.
La propuesta de llevar un debate para la elección de la o el candidato a la Presidencia de la República por parte de Morena mostrará de manera inédita de qué están hechos los aspirantes. Cada uno, desde su experiencia profesional y política, demostrará su capacidad para desenvolverse más allá de un discurso escrito con el soporte de la experiencia debida en el quehacer nacional. No sólo es hablar de una materia o una jurisdicción territorial, es crear una tesis sobre el modelo de país desde el conocimiento del territorio nacional, las diversas realidades de cada rincón de nuestra enorme patria, dentro de los tres Poderes y, por supuesto, sostenerlo con un discurso fresco y convincente, natural y contundente. Aquí se verá qué tanto se conoce el país, a la política interior y la garantía de otorgar gobernabilidad entre todos los actores políticos, sociales y económicos, un auténtico factor de unidad y lealtad. El debate será el gran motor que sustente cualquier encuesta a nivel federal y local, y para todo cargo de elección popular. El debate debería institucionalizarse como elemento de decisión más allá de una designación.
