Claudia Sheinbaum en Nueva York

Ricardo Peralta Saucedo

Ricardo Peralta Saucedo

México correcto, no corrupto

Hay acontecimientos que trascienden el ámbito deportivo para convertirse en expresiones de la capacidad política, institucional y diplomática de las naciones. El Mundial pertenece a esa categoría. Más que un torneo de futbol, representó un ejercicio de cooperación internacional sin precedentes y una oportunidad para que México mostrara al mundo la fortaleza de sus instituciones, la madurez de su infraestructura y la dimensión de su liderazgo regional. 

En ese contexto, la presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la final disputada en el MetLife Stadium de East Rutherford, Nueva Jersey, tuvo un significado que rebasa el protocolo. Compartir el palco con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump; con el primer ministro de Canadá, Mark Carney, y con otros jefes de Estado y de gobierno simbolizó la participación de México en uno de los mayores escaparates políticos y mediáticos del planeta.

La victoria de España sobre Argentina por un gol a cero en tiempo extra puso punto final a una Copa del Mundo que quedará registrada como la de mayor alcance en la historia del futbol. Sin embargo, el verdadero triunfo fue el de la organización conjunta de México, Estados Unidos y Canadá, que demostraron que la cooperación entre socios estratégicos puede traducirse en resultados concretos cuando prevalecen la coordinación institucional, la planeación y la voluntad política. México escribió nuevamente una página histórica al convertirse en el primer país en albergar tres Copas del Mundo. Las sedes nacionales respondieron con eficacia a una operación logística de enorme complejidad, ofreciendo condiciones de movilidad, seguridad, conectividad e infraestructura acordes con un evento seguido por miles de millones de personas alrededor del mundo. El éxito organizativo confirmó que el país cuenta con la capacidad técnica y humana para asumir responsabilidades de alcance global.

Los beneficios fueron igualmente tangibles en el terreno económico. La actividad turística registró una expansión extraordinaria; hoteles, restaurantes, comercios, servicios y transportistas vivieron uno de los periodos de mayor dinamismo de los últimos años. La derrama económica fortaleció las economías locales, impulsó la creación de empleos y proyectó internacionalmente la riqueza cultural, gastronómica y patrimonial de México, consolidándolo como uno de los destinos más atractivos del mundo. La presencia de la presidenta Sheinbaum también representó una oportunidad para fortalecer el diálogo político con los gobiernos de América del Norte y con España. Apenas semanas antes, la visita oficial de su majestad el rey Felipe VI a México refrendó la profundidad de una relación construida sobre siglos de historia compartida, una lengua común y una intensa colaboración cultural, económica y académica. La coincidencia de ambos acontecimientos ilustra una política exterior que privilegia el entendimiento, el respeto mutuo y la cooperación.

En el ámbito regional, la organización del Mundial confirmó igualmente la solidez de la relación entre los tres socios del T-MEC. América del Norte volvió a demostrar que su integración no se limita al intercambio comercial, sino que puede extenderse con éxito a proyectos de gran escala que demandan coordinación permanente en materia de seguridad, movilidad, protección civil, infraestructura y logística. Esa capacidad de trabajar conjuntamente fortalece la competitividad de la región y genera certidumbre para la inversión y el desarrollo. Los grandes acontecimientos internacionales suelen convertirse en una prueba para los gobiernos. El Mundial fue una de ellas y México la superó con resultados que difícilmente admiten discusión. La organización eficiente, la confianza de millones de visitantes y la positiva percepción internacional constituyen activos que permanecerán mucho después del último silbatazo.

Más allá de la emoción deportiva, el Mundial dejó una enseñanza política: las naciones fortalecen su prestigio cuando son capaces de convertir la cooperación en resultados y las oportunidades en desarrollo. La imagen de Claudia Sheinbaum en Nueva York sintetiza ese momento. No fue únicamente la presencia de una jefa de Estado en una ceremonia internacional; fue la representación de un México que participa con seguridad en los grandes escenarios del mundo, fortalece sus alianzas estratégicas y proyecta una visión de futuro sustentada en la estabilidad, la cooperación y la confianza internacional.