AIFA: el gran aeropuerto mexicano

Ricardo Peralta Saucedo

Ricardo Peralta Saucedo

México correcto, no corrupto

La discusión sobre la infraestructura aeroportuaria en México tiene hoy un referente ineludible: el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA). El posicionamiento público de Claudia Sheinbaum vuelve a colocar en el centro un tema que exige análisis técnico, no consignas. Concebido para movilizar hasta 20 millones de pasajeros anuales en su fase inicial —con una proyección escalable a 80 millones—, el AIFA se ubica en un rango competitivo frente a terminales como el Aeropuerto Internacional de Tocumen, en Panamá, el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, en Perú, o el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles. A diferencia de muchos aeropuertos latinoamericanos, su principal ventaja comparativa es la reserva territorial y su diseño modular, condiciones críticas para evitar saturaciones prematuras.

México no emprendía la construcción de una terminal aérea de esta escala desde las ampliaciones estructurales del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en el siglo pasado. Durante décadas prevaleció una lógica de parches: ampliaciones parciales, soluciones temporales y ausencia de planeación integral. El AIFA rompe con ese rezago al integrar tres pistas con capacidad de operación simultánea —dos civiles y una militar—, optimizando la gestión del espacio aéreo metropolitano bajo criterios de eficiencia y redundancia operativa. El reconocimiento internacional también es un indicador objetivo. El AIFA fue distinguido con el Prix Versailles 2024 en París, dentro de la categoría de arquitectura aeroportuaria, compitiendo con complejos como el Aeropuerto de Changi, en Singapur, y el Aeropuerto Internacional Hamad, en Qatar. Más allá del simbolismo, el galardón evalúa funcionalidad, integración cultural y propuesta estética. En ese sentido, el AIFA ofrece una narrativa arquitectónica propia, alejada de la estandarización global, con identidad y coherencia conceptual.

La ingeniería y ejecución constituyen otro diferencial. A diferencia de infraestructuras concesionadas como el Aeropuerto Internacional de Miami o el Aeropuerto Internacional de São Paulo-Guarulhos en Brasil, el AIFA fue desarrollado por ingenieros militares mexicanos. Este esquema permitió control presupuestal, tiempos de construcción reducidos —menos de tres años— y estándares elevados de seguridad. La obra generó más de 160 mil empleos entre directos e indirectos, con impactos económicos relevantes en la región.

En materia logística, el AIFA ya opera como un nodo estratégico de carga. Tras la reorganización del sistema aeroportuario del Valle de México, concentra un volumen creciente de mercancías, con operaciones continuas 24/7 y capacidad para escalar en función de la demanda. Este perfil lo aproxima a referentes regionales como el Aeropuerto Internacional El Dorado, en Colombia, líder en carga en América Latina. Su conectividad terrestre y disponibilidad operativa lo posicionan como una plataforma idónea para cadenas de suministro y comercio internacional. Los indicadores financieros, aunque en fase de consolidación, muestran una tendencia positiva en ingresos aeroportuarios, servicios logísticos y actividades comerciales. A diferencia de infraestructuras saturadas, su diseño permite un crecimiento progresivo sin comprometer la calidad operativa ni la experiencia del usuario.

Frente a este panorama, la descalificación sistemática del AIFA evidencia no sólo prejuicio, sino una preocupante ligereza intelectual. Hay voces que, instaladas en la comodidad de la consigna política, desestiman una obra de esta envergadura sin revisar cifras, sin comprender su ingeniería operativa y sin dimensionar su impacto logístico. Esa crítica superficial  no resiste el contraste con datos verificables ni con reconocimientos internacionales. Más que oposición informada, lo que se observa es una narrativa reactiva que apuesta por el descrédito antes que por el análisis. Descalificar un aeropuerto funcional, en expansión y con estándares competitivos, no sólo es técnicamente insostenible: revela una desconexión deliberada con la realidad y una incapacidad para reconocer que México puede desarrollar infraestructura estratégica de alto nivel. Lo demás es culto absurdo a lo extranjero.

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