Cena de negros
Una de las aversiones de los mexicanos contra los conquistadores españoles era trabajar en las minas con vehemencia, la resistencia a los trabajos pesados era cada vez mayor, comenzaba a haber sediciones y alzamientos que ponían en riesgo a la corona española, la poca ...

Ricardo Peralta Saucedo
México correcto, no corrupto
Una de las aversiones de los mexicanos contra los conquistadores españoles era trabajar en las minas con vehemencia, la resistencia a los trabajos pesados era cada vez mayor, comenzaba a haber sediciones y alzamientos que ponían en riesgo a la corona española, la poca presencia de animales de carga hizo necesaria la “importación” de esclavos africanos, primordialmente de Angola. Fueron tratados como bestias, realizando trabajos infrahumanos y recibiendo salarios insultantes.
Eventualmente, comenzaron a sembrar caña de azúcar, traída por Colón a las islas caribeñas y traídas por orden de Cortés a México.
Por caer la noche, en la merienda o cena, se apreciaba un desorden sin igual. En casi todo Latinoamérica como en España, según el Diccionario Breve de Mexicanismos de Guido Gómez de Silva, se refiere a “La cena de negros. al Desorden o confusión, según el DRAE: boda de negros; merienda de negros. La cena es para el despierto, para el dormido no hay cena”. Algunos en nuestro país de manera equivocada lo han dirigido a una especie de canibalismo, pero ahora sabemos que no es así, además de la connotación discriminatoria en su uso.
Para 1609, aproximadamente 130 esclavos negros se armaron con hondas, flechas y arcos de los indígenas, espadas españolas, ballestas y variadas armas para levantarse contra sus amos y la corona, se enfrentaron en varios combates, en distintos escenarios cuerpo a cuerpo, los pequeños ejércitos del líder negro Yanga contra Pedro González de Herrera. Finalmente, este último ofreció una amnistía.
Las terroríficas y fantasiosas historias de negros en la Ciudad de México, fueron motivo de pánico nocturno. Decían que por el Pico de Orizaba habían hordas que preparaban una revolución y que llegarían a la ciudad en el siguiente jueves santo de entonces, tal fue el rumor, que las fiestas de semana santa fueron suspendidas.
Nunca se supo, si se descubrió algún alzamiento, pero en lo que hoy conocemos como Zócalo capitalino, en 1612, fueron asesinados 33 negros, entre ellos cuatro mujeres. La Audiencia Española hizo cortarles la cabeza y se exhibieron ahí, hasta su putrefacción avanzada. Una muestra de “poderío” frente a la insurrección.
Este hecho funesto, poco conocido, lo refiero como un triste pasaje histórico en la Colonia española.
Sin comparación o analogía alguna a lo anterior, al contrario para enaltecer una forma de orden jurídico e institucional, en nuestro país, el fuero militar, señalado en la Constitución y el Código de Justicia Militar, contempla las facultades de los órganos de justicia castrense, entre ellas, supervisar el control del personal militar en cuanto a disciplina y conducta, donde el honor, la ética, la justicia y la moral son la base. Los integrantes de las Fuerzas Armadas, están obligados a cumplir este mandato, su violación no sólo está sujeta a la investigación de faltas administrativas, sino de delitos, hasta sus últimas consecuencias.
El artículo 427 del Código de Justicia Militar tipifica como delito contra la Administración de Justicia, el que ejerza una influencia ilegal en los procedimientos, pretendiendo la absolución o la condenación de los acusados.
Hoy el fuero militar no impide que los tribunales civiles juzguen a los militares, aun cuando hay evidencias claras de corrupción a diferencia de los tribunales militares. Donde a la fecha no se conoce un solo caso.
Al ser integrante de una institución pública o privada, se debe ponderar el prestigio y el desempeño profesional antes que el protagonismo personal, además de equilibrar la toma de decisiones donde no se ponga en riesgo la fortaleza del servicio público por la presión política o social. Ser estadista y no egocentrista, apegarse a la legalidad con absoluta equidad, y no dar espacio a la impunidad; no abusar del descontrol y desorden para convertirse en el plato de la cena de negros.
*Profesor de derecho penal en la Facultad de Derecho de la UNAM