Se nos fue Rocha, pero sigue el rochismo. Prueba de ello es que el gobierno federal, empezando por la presidenta Sheinbaum, exigieron que renunciara al cargo de gobernador de Sinaloa, pero no van a judicializar su caso. No será procesado por los delitos cometidos durante su estancia como autoridad máxima del estado. Olvidado está su acuerdo con Los Chapitos para ganar la elección en 2021. También están olvidados los negocios y el enriquecimiento personal de él y su familia. Ni se diga del asesinato de Melesio Cuén, ocurrido bajo su mandato y aparentemente en su presencia. Esto lo sabe y lo registra la DEA.
El morenismo se especializa en el arte de encontrar “otro culpable”. Ahí están Ernesto Ruffo y Ángel Aguirre, ambos sacados de algún viejo baúl de los recuerdos para ser actualizados y convertidos en los nuevos responsables de delitos que, curiosamente, sirven para orientar las miradas hacia otras latitudes. Nadie habla de la gobernadora entreguista, y morenista, de Baja California, quien hace poco ofreció delatar a México ante el FBI. Mientras tanto, los padres de los 43 de Ayotzinapa han sido divididos y fragmentados por una operación política del gobierno federal, cuya estrategia de fondo no es resolver el caso, sino diluir el movimiento por el hastío y sus rencillas internas.
Para seguir alimentando el morbo, el gobierno federal “nombró” a una gobernadora interina y a una candidata a las elecciones de 2027 para rápidamente cambiar la conversación pública. Ambas han sido operadoras políticas del exgobernador Rocha y gente de toda su confianza. Ahora alegan que apenas lo conocían. Así es el rochismo sin Rocha.
A pesar del repudio público que recibió, Rubén Rocha no será entregado a las autoridades estadunidenses, como tampoco lo será el senador Inzunza, a pesar de haber renunciado al grupo parlamentario de Morena en el Senado. Este último hizo una maniobra genial con su renuncia. Por un lado, le “quita” presión estadunidense a los senadores morenistas, pero también convierte su voto en un capital político de alto valor, por la precariedad de la mayoría calificada morenista en el Senado. En cada ocasión que se enfrenta una votación difícil, Morena tendrá que acudir a su buena disposición para alcanzar los votos necesarios para vencer a la oposición.
De todo esto está enterada la DEA.
Sinaloa es un anticipo a lo que viene sobre la definición morenista de sus candidaturas en Baja California, Baja California Sur, Sonora, Nayarit, Zacatecas, Michoacán, Guerrero y Quintana Roo. Todos estos estados tuvieron una fuerte influencia de los cárteles del narcotráfico cuando se definieron las candidaturas en 2021. Obviamente, esa presencia se registró también en Colima. Ya tomó nota la DEA. Y lo ocurrido fue que el presidente López Obrador avaló que se negociaran gobiernos de “coalición” entre Morena y el narcotráfico en esos estados.
Ese acuerdo le complica a Morena su negociación interna. Los gobernadores salientes querrán dejar los suyos en el puesto, mientras “el centro” querrá definir las candidaturas en función de sus intereses. Y el punto de conflicto es que quieren nombrar candidaturas que pueden ser vetadas por la DEA. Y el sistema político mexicano entrará en crisis, como sucedió con Rocha cuando apareció su indictment estadunidense.
¿Quién tiene la verdadera lista de los imputados de la DEA? Sheinbaum y seguramente Harfuch. El gobierno ha estado presionando a las cabezas de los cárteles para que reduzcan la violencia. Las cifras que registran una reducción en los homicidios dolosos son reales, pero artificiales. Son producto de un acuerdo negociado con el gobierno federal para tratar de reducir la presión estadunidense sobre México en plena temporada de definición de las candidaturas morenistas. Después de resueltas las candidaturas, puede suceder cualquier rebote con la violencia.
El temor que tiene Morena al nombramiento de sus candidaturas es con la DEA. En su discurso en el Monumento a la Revolución, Sheinbaum denunció el intervencionismo de Estados Unidos, afirmando que luego querrán definir nuestras elecciones. Dicho y hecho.
